Guerra: balance e incógnitas
El presidente interino de Líbano, Najib Mikati, acaba de anunciar que Hezbolá está dispuesto ya a acatar la resolución 1701 de la ONU por la que sus fuerzas deben ubicarse lejos de la frontera israelí, al norte del río Litani. ¿Será cierto?
Se ha cumplido un año del inicio de la guerra desatada a partir del brutal ataque de la organización terrorista Hamás contra la población israelí, que cobró en un solo día mil 200 muertos y 251 personas secuestradas, de las que aún 101 están en cautiverio. La Franja de Gaza se encuentra totalmente devastada por la embestida israelí que sigue vigente, y, de acuerdo con el Ministerio de Salud del Hamás, 42 mil personas han perecido, sin especificar cuántas de ellas son civiles y cuántas combatientes de la organización. Haciendo cuentas del promedio diario de víctimas mortales gazatíes en el año transcurrido, la cifra es de 115 muertos cada día. Aunque se afirma que 90% de la estructura militar de Hamás ha quedado destruida, los combates continúan. Se presume que Yahya Sinwar, máximo líder de la organización terrorista sigue vivo y rodeado de una veintena de rehenes para protegerse. La otra figura a cargo del comando político, Ismail Haniye, fue eliminado en Teherán hace unos meses mediante un operativo israelí.
Pero el conflicto desatado el 7 de octubre de 2023 no se limitó a ese frente. Desde ese mismo día la organización chiita libanesa Hezbolá inició lanzamientos cotidianos de cientos de proyectiles contra poblaciones del norte de Israel, que si bien fueron neutralizados en su mayoría por la defensa aérea del Estado hebreo, tuvieron, sin embargo el efecto de provocar una evacuación masiva de cerca de 80 mil israelíes habitantes de esa zona. Hasta el día de hoy 65 mil de ellos siguen sin poder regresar a sus poblados.
Otro frente más que casi de inmediato también apareció sorpresivamente, fue el abierto por las milicias chiitas hutíes de Yemen, ajenas totalmente al conflicto inicial, pero solidarias con Hamás y Hezbolá debido a la agenda compartida entre ellos de hacer desaparecer al Estado de Israel y “limpiar de presencias infieles” (léase judíos), esa región que para ellos debe estar absolutamente en manos musulmanas. La campaña hutí, aún en curso, ha consistido en lanzamientos de misiles hacia Israel, y hacia las embarcaciones de cualquier bandera que circulen por el mar Rojo rumbo al canal de Suez. Las afectaciones al comercio internacional debido a esas acciones han sido graves por lo que el aparato militar de Estados Unidos y Gran Bretaña se han movilizado para tratar de impedir que dichos ataques continúen, sin haber logrado detenerlos.
En Cisjordania bajo ocupación israelí los enfrentamientos también han arreciado, tanto por agresiones y abusos frecuentes de colonos israelíes contra población palestina, como por los combates entre células terroristas palestinas y el ejército israelí dedicado a desactivarlas. Hay ahí un adicional frente de guerra que se libra simultáneamente a los anteriormente mencionados.
Por último, y para terminar con este sintético recuento, está Irán, la mano que mece la cuna de esta espantosa guerra. Al ser el Teherán de los ayatolas quien a partir de su agenda fundamentalista islámica controla, entrena, arma y alimenta a Hamás, a Hezbolá y a las milicias chiitas hutíes, no podía permanecer fuera del cuadro. Fue así que cuando Israel mató a algunos de sus altos mandos –el jeque Hassan Nasrallah, máximo y legendario líder del Hezbolá entre ellos– Irán optó en dos ocasiones por lanzar directamente contra territorio israelí sendas andanadas de cientos de misiles balísticos y de drones que auguran una respuesta israelí de represalia que tiene en vilo al mundo.
En estos momentos es incierto cuándo y cómo eso podría suceder. Por lo pronto, Israel ha conseguido debilitar significativamente a Hezbolá mediante operativos diversos que incluyen desde hace un par de semanas, incursiones de su ejército en el sur del territorio libanés colindante con Israel, lo mismo que bombardeos contra la infraestructura militar de esa organización. De ahí la oleada de población civil libanesa que huye de esa zona y el temor del gobierno libanés de que la guerra escale y deteriore aún más a esa pequeña nación hoy secuestrada por el radicalismo de Hezbolá. El presidente interino de Líbano, Najib Mikati, acaba de anunciar que Hezbolá está dispuesto ya a acatar la resolución 1701 de la ONU por la que sus fuerzas deben ubicarse lejos de la frontera israelí, al norte del río Litani. ¿Será cierto?
Estados Unidos ha jugado en este conflictivo escenario un papel central, por lo que una más de las incógnitas de este momento es si aprobará y contribuirá a un posible ataque israelí contra instalaciones petroleras y/o nucleares de Irán. A ese respecto, los próximos días serán cruciales.
