Erdogan sufre
¿Cómo ha reaccionado Erdogan ante el vuelco registrado en las recientes elecciones? En los casos de las grandes ciudades, se vio forzado a aceptar la derrota de su partido. Sin embargo, eso no fue así en la región sureste del país, mayormente de población étnica kurda. Específicamente, en la provincia de Van, quien triunfó fue Abdullah Zeydan, del Partido prokurdo DEM.
Las elecciones municipales celebradas en Turquía el domingo pasado fueron un duro golpe para las aspiraciones del presidente turco Recep Tayyip Erdogan de perpetuarse en el poder. El Partido Republicano del Pueblo (CHP), de oposición al Partido del Desarrollo y la Justicia (AKP) del presidente, logró triunfar en las mayores ciudades turcas, incluidas Estambul y Ankara. De hecho, en 16 provincias controladas por el AKP, la oposición consiguió importantes ganancias electorales. Tan sólo hace 10 meses Erdogan se reeligió con 52% de los votos, pero la severa crisis económica que azota al país ha demolido la confianza en su gobierno. Un dato que al respecto es estremecedor es el de la inflación, que en febrero alcanzó 70%, en rangos parecidos a Venezuela, Líbano y Argentina. El alza en los precios de los comestibles durante 2023 llegó a 78%.
Los intentos de Erdogan en este último año de sanear la economía mediante la elevación de las tasas de interés de 45% a 50% han sido una amarga medicina que está hundiendo la popularidad del jerarca turco, quien lleva ya más de dos décadas en el poder. Si en el pasado el control de los medios de comunicación, el encarcelamiento y silenciamiento de la disidencia, más el subsidio gubernamental a sectores clave de la economía le fueron efectivos para seguir ganando elecciones, lo ocurrido hace unos días muestra que esa fórmula ha dejado de serle útil para continuar monopolizando el poder mediante prácticas populistas y antidemocráticas.
¿Cómo ha reaccionado Erdogan ante el vuelco registrado en las recientes elecciones? En los casos de las grandes ciudades, se vio forzado a aceptar la derrota de su partido. Sin embargo, eso no fue así en la región sureste del país, mayormente de población étnica kurda. Específicamente, en la provincia de Van, quien triunfó fue Abdullah Zeydan, del Partido prokurdo DEM. La historia fue que, casi de inmediato, se emitió una orden de la corte para retirarle a Zeydan su derecho a ser electo en función de vagas acusaciones de que el DEM había tenido nexos con el proscrito Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Por tanto, se anunció que el puesto quedaría en manos del candidato del AKP, Abdulahat Avras, quien sólo había conseguido 27% del voto.
A partir de ese momento las protestas masivas se extendieron en toda esa región, y para el miércoles en la noche se había aprehendido a cerca de un centenar de personas acusadas, entre otras cosas, de “estar difundiendo propaganda terrorista”. Se prohibieron congregaciones públicas por un lapso de 15 días y el ingreso a esa provincia de contingentes provenientes de otras partes. Pero la gente local no se amilanó, a pesar del gas pimienta y los cañones de agua que se usaron para dispersar a las multitudes y que dejaron un saldo de once heridos, entre ellos algunos periodistas.
Al día siguiente el Alto Cuerpo Electoral de Turquía (equivalente a nuestro INE), respondiendo a una apelación oficial que se presentó, decidió revertir la anulación de la victoria de Abdullah Zeydan del Partido DEM. Desde luego, el júbilo popular no tardó en manifestarse, y el jueves miles de habitantes de esa región salieron a las calles, esta vez no para protestar, sino para celebrar.
El régimen de Erdogan ha sido descrito desde hace tiempo como una democracia iliberal de corte populista. Fue derribando los contrapesos a su poder y al de su partido mediante reformas mañosas a la Constitución, para proceder luego a la demolición y desactivación de instituciones. A partir de ahí silenció y/o cooptó a los medios de comunicación, encarceló y asesinó a disidentes e hizo uso de una retórica nacionalista extrema, denunciando exaltadamente enemigos reales y supuestos, dentro y fuera de su país.
Utilizó también a la religión como instrumento para imponer políticas misóginas e intolerantes. Por lo cual es de alegrarse, sin duda, de que a pesar de la cantidad de poder que logró acumular, ha llegado el momento en que la voluntad popular expresada en las urnas y la tenacidad por defender el resultado de la votación, están logrando frenar la deriva dictatorial y antidemocrática que Erdogan y su gente impulsaron desde hace más de dos décadas en Turquía.
