El tsunami aún sigue activo
Las bandas rebeldes que permanecían a la espera de una oportunidad para derrocar a ese gobierno criminal que usó armas químicas contra su propio pueblo, asesinó a cientos de miles y provocó la mayor oleada de refugiados de este siglo, apareció en el horizonte en virtud de lo arriba descrito.
No cabe duda que a lo largo de los últimos 14 meses la región del Levante ha estado sujeta a bruscas sacudidas que han alterado su configuración dramáticamente. El punto de partida de ese proceso de cambio radical fue el ataque brutal de la organización terrorista Hamás contra Israel. A partir de esa fecha habría de iniciarse una feroz contienda bélica en la que Estado judío enfrentaría a un eje autodenominado “de la resistencia”, integrado por Hamás palestino, Hezbolá libanés, Irán, las milicias chitas de Irak, y los hutíes de Yemen.
Estados Unidos y varias naciones de la Unión Europea respaldaron a Israel ante esta embestida multifrontal, mientras que, para el otro bando, sus apoyos provinieron básicamente de Rusia, China, y la tácita colaboración de la Siria de Bashar al Assad, punto clave geográfica y estratégicamente hablando para el traspaso de toda clase de material bélico entre los integrantes del citado “eje de la resistencia”.
A lo largo de meses los partes de guerra indicaban una alternancia de severos golpes mutuos sin que se vislumbrara cuál de los dos bandos contendientes prevalecería sobre su opositor. Ambos registraban dolorosas pérdidas en ocasiones, aunque en otras podían vanagloriarse de triunfos limitados en operativos concretos. Hasta que las cosas comenzaron a señalar éxitos más notables para una de las partes. A partir de septiembre pasado Hezbolá empezó a sufrir golpes demoledores cuando Israel logró desarticular sus redes de comunicación y disminuir a sus combatientes mediante la repentina explosión de los bípers que éstos portaban. A ello siguió la liquidación del jeque Nasrallah y de varios de los altos comandantes de esa organización, la eliminación de muchos de sus puestos militares, plataformas de lanzamiento de misiles, arsenales y centros de transferencia de recursos económicos.
De igual modo, en la confrontación Irán-Israel, los resultados fueron favorables a este último. Las dos veces que Irán lanzó andanadas de misiles de largo alcance y drones contra su adversario, no logró causarle ningún daño significativo, mientras que la última represalia de Israel, mediante un profuso bombardeo aéreo logró destruir las defensas aéreas iraníes, infligiéndole daños considerables y revelando que la capacidad militar iraní es mucho menos potente de lo que se creía. Por otra parte, la situación interna del país persa ha mostrado ser crítica desde hace mucho tiempo. La mayoría de su población repudia al régimen, en virtud de los efectos económicos negativos de las sanciones por su desarrollo nuclear, lo mismo que por la brutal represión de las libertades y la continua violación de los derechos humanos. El caso de las mujeres y su obligación de portar el hijab ha ilustrado con claridad los extremos a los que ha estado dispuesto el gobierno de los ayatolas a fin de perpetuar el sojuzgamiento de ellas.
El cuadro de debilitamiento del “eje de la resistencia” se completó con dos desarrollos más: Hamás está prácticamente destruido tras 14 meses de cruenta guerra en la que Israel ha arrasado Gaza, y Rusia, el otro factor activo, tiene hoy a Ucrania como centro de sus preocupaciones, lo que lo ha dejado incapacitado para mantener vigente la colaboración con sus aliados en Oriente Medio.
Es en este contexto que el derrumbe del régimen sirio, tras 54 años de tiranía de la familia Assad, apareció repentinamente. Las bandas rebeldes que permanecían a la espera de una oportunidad para derrocar a ese gobierno criminal que usó armas químicas contra su propio pueblo, asesinó a cientos de miles y provocó la mayor oleada de refugiados de este siglo, apareció en el horizonte en virtud de lo arriba descrito. Ante esta nueva realidad lo primero que sabemos es que la conducción del gobierno de transición ha quedado por el momento en manos de Abu Mohammed al-Golani, cuyos antecedentes son de militancia en el jihadismo, pero que, no obstante ello, se pronuncia ahora con tintes de moderación y promesas de tolerancia y orden. Pero, ¿será cierto eso? ¿Podrá evitarse una renovada guerra civil entre facciones en disputa por el poder? ¿Cómo responderán países vecinos como Turquía e Israel, que buscarán insertarse en esta nueva realidad de acuerdo con sus intereses? Lo único claro es que por ahora resulta imposible predecir cómo evolucionará ese escenario tan complejo.
