El mundo árabe en la encrucijada actual
En 1994, como producto de los Acuerdos de Oslo firmados entre Israel y la OLP de Arafat, también Jordania firmó un tratado de paz con Israel. Así, un segundo país árabe, vecino de Israel igual que Egipto, se deslindaba del bloque del rechazo árabe.
Hasta 1979, las 22 naciones árabes de entonces constituían un frente de rechazo absoluto hacia la existencia del Estado de Israel. El hecho de que en 1948 se hubiera establecido en Oriente Medio ese país, reconocido por la comunidad internacional, que no era ni mayoritariamente árabe ni musulmán, constituía una afrenta intolerable que dio pie a tres cruentas guerras: la primera en 1948, a la que le siguieron las de 1967 y 1973. El objetivo de destruir a Israel no se consiguió y, sin embargo, la consigna se mantuvo. Pero entre 1977 y 1979 Egipto, bajo el gobierno del presidente Anwar el Sadat dio un giro de 180 grados y, mediante negociaciones apadrinadas por Estados Unidos, firmó un acuerdo de paz con el gobierno israelí encabezado entonces por Menajem Beguin. Ésa fue la primera ruptura en el frente del rechazo que a lo largo de treinta años había intentado, sin éxito, desaparecer a Israel del mapa.
En aquellos tiempos y ante tal osadía, Egipto fue expulsado de la Liga Árabe, además de que el presidente Sadat fue asesinado por miembros de la Hermandad Musulmana para quienes la paz con Israel era anatema. No fue sino hasta 1987, que Egipto fue readmitido en el seno del mundo árabe. El motivo: había que cerrar filas en esos momentos en que estaba en curso la guerra Irán-Irak, emblema de la confrontación entre el conglomerado musulmán chiita y el sunnita. El Irán de los ayatolas había emergido en 1979 como un poder amenazante para el mundo árabe sunnita, y seguir dejando fuera de él a Egipto le daba ventajas a Teherán. De hecho, la recomposición del bloque sunnita se vio recompensada con la victoria del Irak de Saddam Hussein sobre su enemigo iraní, tras ocho años de una guerra absurda, cuyo saldo fue de un millón de muertos.
En 1994, como producto de los Acuerdos de Oslo firmados entre Israel y la OLP de Arafat, también Jordania firmó un tratado de paz con Israel. Así, un segundo país árabe, vecino de Israel igual que Egipto, se deslindaba del bloque del rechazo árabe. De ahí en adelante se registró un vacío de acercamientos diplomáticos por cerca de 26 años, durante los cuales no hubo avances significativos. Egipto y Jordania eran los únicos que se habían desviado del propósito original de mundo árabe de acabar con la existencia de Israel. Y desde luego, la irresuelta cuestión palestina se mantuvo como la justificación esencial para mantener esa postura a lo largo y ancho de casi todo el conglomerado árabe y musulmán. El escenario no cambió incluso cuando en 2005 Israel, bajo la conducción del premier Ariel Sharon, ordenó el retiro total israelí de la Franja de Gaza, y para 2007 la organización palestina Hamás tomó posesión total de Gaza en calidad de gobierno inspirado en el islam radical de la Hermandad Musulmana, cuyos principios tienen mucho en común con la ideología oficial del régimen iraní de los ayatolas. En esencia, lo que los hermana es la convicción abiertamente declarada desde siempre, de que Israel debe desaparecer.
En cambio, el desarrollo ideológico en buena parte del entorno sunnita, sobre todo entre los países árabes del Golfo, tomó un curso distinto a partir de la segunda década de nuestro siglo. Para Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Bahréin, interesados en contrarrestar la influencia chiita iraní en la zona, lo mismo que en cobijarse bajo el manto de Estados Unidos como escudo protector y como trampolín para emprender proyectos de modernización que les abriera nuevas puertas en la economía occidental más allá del negocio petrolero, alejarse de la postura del rechazo a Israel se volvió necesario.
Fue así como en 2020 se firmaron los Acuerdos de Abraham que, en principio, normalizaron las relaciones entre Israel, los Emiratos y Bahréin, para un par de años después incorporar en la misma fórmula a Marruecos y Sudán. Esos cuatro países abandonaron así el bloque del rechazo. En ese contexto, dentro del cual se veía próxima la normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita –este último un peso pesado en todos sentidos dentro del mundo musulmán y árabe– es que el 7 de octubre Hamás atacó a Israel de forma especialmente brutal, con lo que se desencadenó la sangrienta guerra hoy en curso.
Para Hamás, de acuerdo con sus principios islamistas radicales, la lucha ha sido por eliminar a Israel de la región y no por convivir lado a lado con él. No lo logrará, aunque sin duda ha conseguido algo de lo que se proponía, a saber, que a causa de la inmensa catástrofe que es esta guerra, la monarquía saudita se haya visto obligada, por una lógica política conectada con su estabilidad doméstica, a dejar pendiente, no se sabe por cuánto tiempo, el establecimiento de relaciones con Israel.
