El desarme de Hamás

Expertos consideran que, a pesar de que un tercio de la red de túneles usada por Hamás fue destruido durante los dos años de guerra, lo mucho que sobrevive de esa red es muy complicado destruir.

A su llegada a Israel hace un par de días, el secretario de Estado norteamericano Marco Rubio, repitió mucho de lo que Donald Trump ha dicho desde que se consiguió el cese el fuego en la guerra Hamás-Israel. Uno de los puntos enfatizados es el de que Hamás debe desarmarse y no podrá cumplir ningún papel en el futuro gobierno de Gaza. La gran pregunta ahora que se aborde la segunda fase en el plan del fin de la guerra es cómo podrá conseguirse ese objetivo, ya que ha sido evidente que el liderazgo remanente de Hamás ha insistido en que el desarme es una línea roja que no está dispuesto a cruzar. Mousa Abu Marzouk, una de las figuras políticas relevantes de Hamás, asentado en Qatar, declaró recientemente que Hamás sólo depondrá sus armas cuando “un Estado palestino soberano esté establecido”.

Declaraciones como la anterior merecen ser tomadas en cuenta ya que desde 1987, cuando Hamás se fundó, quedó registrado en su carta fundacional que la lucha armada era esencial para su identidad y metas. Sus líderes nunca hablaron de dos Estados conviviendo como vecinos civilizados, sino que, a diferencia de la Autoridad Nacional Palestina, que llegó a aceptar y reconocer la existencia de Israel, para Hamás tal reconocimiento fue siempre anatema. Su ideología islamista radical basada en la agenda de la Hermandad Musulmana, así lo marcaba.

De hecho, en las ocasiones en que hubo la posibilidad real de avanzar hacia la paz y la independencia palestina, como ocurrió entre 1995 y el 2000, Hamás invirtió todo su arsenal de terrorismo suicida y no suicida, con el fin de sabotear la posibilidad de alcanzar ese objetivo en la medida en que implicaba que Israel no desaparecería del mapa y Palestina no podría así establecerse en todo el territorio que se extiende “desde el río hasta el mar”. La solución de “dos Estados para dos pueblos” nunca fue aceptada por Hamás. En determinados momentos, según la doctrina de Hamás, la tregua temporal o “hudna” en árabe, podía adoptarse siempre y cuando se tratara sólo de un paréntesis que daría lugar después al retorno pleno de la lucha armada.

En este contexto, el objetivo básico del gobierno israelí y de Trump de sacar de la jugada totalmente a Hamás se ve tremendamente difícil de alcanzar. Ya se vio en las escenas de la última entrega de rehenes israelíes, a los miembros de Hamás hacer alarde de sus armas y difundir videos de estar en control de la situación. Incluso de forma inmediata a la implantación del cese al fuego circularon las imágenes de cómo, en calidad de dueños otra vez del territorio, procedían a ejecuciones sumarias de gazatíes considerados colaboracionistas. El mensaje que pretendieron dar con ello fue, sin duda, de que su poder seguía prevaleciendo en la Franja, a pesar de los dos años de guerra y destrucción.

Según Erik Skare, investigador sobre militancia palestina en el Instituto de Asuntos Internacionales de Noruega, Hamás aún conserva un considerable arsenal de armas pequeñas, Kalashnikovs, rifles automáticos y explosivos. Otros expertos consideran también que a pesar de que un tercio de la red de túneles usada por Hamás fue destruido durante los dos años de guerra, lo mucho que sobrevive de esa red es muy complicado destruir. No cabe duda que cada día que pasa es una oportunidad para el liderazgo del Hamás que sobrevive, de reocupar el vacío de poder que quedó a partir del retiro de las tropas israelíes de ciertas zonas. Por ello resulta de importancia fundamental no sólo resolver el peliagudo reto de cómo desarmar a Hamás, sino también poner sobre la mesa de inmediato un plan viable sobre quiénes serán los responsables de ejercer una nueva autoridad que imponga orden y se encargue de la reconstrucción de Gaza.

A ese respecto, la indefinición prevalece. Se han sugerido una serie de opciones, pero todas ellas enfrentan objeciones y obstáculos que mantienen la incertidumbre acerca de lo que pasará en Gaza en los tiempos por venir. Trump alardea de que su plan será exitoso, y, sin embargo, la madeja de complicaciones y dificultades para llegar a buen puerto augura escenarios no precisamente optimistas. Cuando Gaza estuvo en manos egipcias, de 1948 a 1967, y luego bajo control israelí hasta 2005, fue un hueso duro de roer, y aún lo sigue siendo.

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