Captagón, el salvador del dictador sirio
El gobierno de Estados Unidos se ha unido a la lucha contra el Captagón. En junio de 2023 anunció un programa por el cual daría apoyo a agencias dirigidas a combatir la distribución de la droga y que continuaría imponiendo sanciones a Bashar al Assad y sus asociados involucrados en el tráfico.
No, no se trata de un superhéroe responsable de preservar el poder del dictador sirio Bashar al Assad. Captagón es el nombre de una droga no opioide, pero que posee efectos relativamente similares y ha sido desde hace años el sustento económico para que el régimen sobreviva, a pesar del aislamiento y las sanciones internacionales impuestas a él por la brutal violencia y represión ejercidos contra su disidencia a lo largo de los trece años de guerra civil en el país.
Se trata de tabletas de una droga sintética de bajo costo que produce aumento en la concentración, euforia, resistencia al hambre y al cansancio, y una intensificación del valor y la osadía en situaciones de combate. Los círculos políticos y militares sirios, incluidos familiares cercanos de Assad, controlan el jugoso negocio de su producción y tráfico ilegal, siendo su clientela, en primer término, ciudadanos de países cercanos en la región como Jordania, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. El que hace un año la Liga Árabe haya reintegrado en su seno a Siria tras su expulsión en 2011, le ha facilitado aún más a este país el tráfico del Captagón. Por otra parte, el Hezbolá libanés, estrecho aliado de Assad, es otro de los productores y traficantes que han ayudado a extender el consumo más allá del entorno regional del Oriente Medio.
La monarquía jordana, preocupada por el incremento en el consumo de la droga en su territorio, ha efectuado durante esta primera mitad de 2024 cuatro ataques aéreos contra zonas del sur sirio, y ha reforzado militarmente su frontera con el empleo adicional de medios tecnológicos para detectar traficantes e interceptar drones. Durante la última reunión de la Liga Árabe en mayo pasado, celebrada en Bahréin, el rey Abdalah de Jordania abordó el tema enfatizando la responsabilidad de las milicias proiraníes en el desarrollo de la industria de las drogas.
La situación ha sido muy similar en Arabia Saudita donde, por ejemplo, dos días después de la reinstalación del embajador saudita en Damasco y a pesar de las promesas oficiales del régimen de Assad de colaborar para acabar con el tráfico de la droga, fue interceptado un cargamento de Captagón dirigido hacia Riad, consistente en 9.5 millones de tabletas.
En los últimos tiempos se ha registrado también un creciente ingreso de este estupefaciente a mercados occidentales. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías ha reportado en uno de sus últimos informes que 127 millones de tabletas fueron incautadas por los Estados miembros de la Unión Europea entre 2018 y 2023. El mayor decomiso, de 84 millones de comprimidos, se produjo en Salerno, Italia, en 2020. Tanto la Unión Europea como Gran Bretaña impusieron sanciones específicas contra individuos sirios y libaneses directamente involucrados en la producción y comercio de esa droga. Destacaron entre ellos dos primos del presidente Assad –Wassim Badi y Kamal al Assad–, lo mismo que hombres de negocios y funcionarios militares cercanos al régimen y a Hezbolá.
El problema se ha extendido igualmente al continente americano. El gobierno de Estados Unidos se ha unido a la lucha contra el Captagón. En junio de 2023 anunció un programa por el cual daría apoyo a agencias dirigidas a combatir la distribución de la droga y que continuaría imponiendo sanciones a Bashar al Assad y sus asociados involucrados en el tráfico.
Cuando Siria fue readmitida en el seno de la Liga Árabe hace un año hubo expectativas de que el régimen estaría dispuesto a colaborar en el combate a la producción y tráfico de la droga. Sin embargo, y a pesar de declaraciones frecuentes de buenas intenciones al respecto, se ha comprobado que éstas han sido tan sólo una fachada que no se corresponde con lo que sigue ocurriendo. Y es que la devastada Siria, que arrojó seis millones de sus ciudadanos al exilio y produjo durante su guerra civil más de medio millón de muertos, se ha convertido en un Estado fallido, que como Afganistán o Líbano por citar otros dos ejemplos, puede caracterizarse ya como un narcoestado dominado por élites políticas y militares corruptas al mando de millones de personas que viven y mueren desprovistos de lo esencial, explotados, violentados y reprimidos por un aparato estatal integrado por criminales.
