BRICS: configuración de alianzas

La novedad surgida en esta cumbre fue el anuncio hecho por el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, de la incorporación de nuevos miembros que expandirán la fortaleza de la agrupación. Arabia Saudita, Irán, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía y Argentina fueron invitados a integrarse.

Camp David fue la sede donde la semana pasada se llevó a cabo una peculiar reunión cumbre con la participación del presidente Biden, el primer ministro japonés, Fumio Kishida, y el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-Yeol. A pesar de que Biden insistió en que no se trataba de una cumbre contra China, ciertamente enviaron un mensaje de unidad, ya que en su declaración conjunta asentaron su oposición al “comportamiento peligroso y agresivo” del gigante asiático en las disputas marítimas en el Mar de China Oriental y Meridional.

La desconfianza de los tres mandatarios acerca de China y Corea del Norte dio lugar al acuerdo de compartir información y llevar a cabo un plan plurianual de ejercicios militares conjuntos con objeto de contrarrestar cualquier maniobra indeseable de Beijing y Pyongyang. Otro punto importante de coincidencia entre ellos ha sido, sin duda, el apoyo irrestricto a Ucrania ante la invasión rusa. 

Menos de una semana después se celebró otra reunión que de alguna manera puede considerarse la contraparte de la arriba citada de Camp David. En Johannesburgo, Sudáfrica, se inició la cumbre del BRICS, agrupación fundada en 2010 y conformada desde sus inicios por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Asistieron los máximos líderes de esas naciones, excepto Putin, quien por previsión ante un posible arresto por parte de la Corte Penal Internacional, envió a su canciller, Sergei Lavrov y sólo se presentó por videoconferencia. Actualmente, el BRICS comprende a cerca de 40% de la población mundial y 25% del PIB global.

La novedad surgida en esta cumbre fue el anuncio hecho por el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, de la incorporación de nuevos miembros que expandirán la fortaleza de la agrupación. Arabia Saudita, Irán, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía y Argentina fueron invitados a integrarse. De aceptar la invitación, su ingreso se oficializará el 1º de enero de 2024. Tanto el presidente chino como el primer ministro de la India se congratularon en sus discursos por el agrandamiento de su bloque con objeto de, según Xi Jinping, “fortalecer el desarrollo y la paz mundial”. Por su parte, Lula da Silva enfatizó que la diversidad en el grupo fortalece la lucha por un nuevo orden que se adapte a la pluralidad económica, geográfica y política del siglo XXI. De ahí que Ramaphosa, expresara su apertura a admitir nuevos miembros en el futuro.

Destacó de inmediato que el jueves pasado los dos candidatos de oposición en Argentina, Milei y Bullrich, a contracorriente del presidente Alberto Fernández, anunciaron su rechazo al ingreso de su país en caso de que alguno de ellos llegara a triunfar en las próximas elecciones nacionales, aunque en contraste, es sabido que 22 países han solicitado ingresar a BRICS.

Los pesos pesados, Estados Unidos por un lado, y China y Rusia por el otro, encabezan así sendos bloques políticos, estratégicos y económicos que sin duda operan en beneficio de sus intereses en diversas áreas. En cuanto a los demás miembros, puede afirmarse que se han adherido en función de intereses pragmáticos diversos que a veces pueden tener que ver con ideología, pero no siempre. En ciertos casos prevalecen las necesidades y proyectos económicos, o las preocupaciones geoestratégicas particulares. Por ejemplo, la presencia en BRICS ahora de Irán, junto a Egipto, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, revela que las añejas tensiones e intensas rivalidades del pasado son a menudo dejadas de lado ante la expectativa de beneficios importantes en ciertas áreas clave de la vida nacional de cada cual.

El pragmatismo parece ser así el factor fundamental para la decisión de los gobiernos acerca de si participar o no en ciertas agrupaciones, en este caso el BRICS. Remitiéndonos a nuestro entorno y conociendo los antecedentes y preferencias ideológicas y emocionales de nuestro presidente, cabe suponer que a él le encantaría formar parte del BRICS para reafirmar con ello la postura ideológica que ha presumido en su retórica y manifestado mediante un buen número de gestos diplomáticos no congruentes con los intereses de México a lo largo de los cinco años de su gestión. Sin embargo y por fortuna, a veces se ha visto forzado a reconocer la realidad. El pasado 8 de agosto, admitió que ante la vecindad con Estados Unidos y la existencia del T-MEC, un eventual ingreso al BRICS no podía ser contemplado.

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