Bashar al-Assad, macabra ave fénix
Siria, bajo la férula de Bashar al-Assad es, en los hechos, un Estado profundamente fallido, que sin embargo sigue dando a su dictador la oportunidad de seguir viviendo rodeado de lujos, y con posibilidad de regresar a las cumbres árabes donde “el carnicero de Siria” ha pasado a formar parte de los acusadores.
El presidente sirio Assad, no sólo sigue tan campante en su papel de máximo líder de un país arrasado brutalmente durante los 13 años de guerra civil, que estalló justamente para librarse de su tiranía, sino que es de nueva cuenta recibido y arropado por sus hermanas naciones árabes, como si lo ocurrido en tierra siria hubiera sido tan sólo una pesadilla o una ficción literaria y no una realidad atroz. Un mes después del ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre, Bashar al-Assad se halló de nuevo cómodamente sentado con la crema y nata del liderazgo árabe regional, para demandar en una reunión cumbre en Riad el fin del derramamiento de sangre en Gaza.
Ahí fue recibido Assad, a pesar de seguir bombardeando por tierra y aire el noroeste de su país, aún en manos de sectores de la oposición, en colusión con fuerzas militares iraníes. Por otra parte, brilla por su ausencia la más mínima voluntad de su parte por crear condiciones favorables para el regreso de las oleadas de refugiados que abandonaron el país. La economía siria está hecha pedazos, por lo que han florecido mafias diversas, entre las que se cuenta la encargada de mover el flujo de la droga llamada captagón, que, por cierto, se encontró en los bolsillos de muchos de los terroristas de Hamás responsables de la masacre del 7 de octubre en Israel.
El proceso de reintegración del aún presidente sirio a la hermandad árabe se fue dando a lo largo del tiempo por goteo. Sólo Emiratos Árabes, Bahrein y Omán restauraron relaciones hace cerca de un lustro y algunos otros lo hicieron a raíz del muy intenso sismo que golpeó a Turquía y Siria en febrero de 2023. Sin embargo, el 11 de noviembre pasado culminó simbólicamente su readmisión total. Quien usó armas químicas contra sus propios ciudadanos, los gaseó, bombardeó y hambreó hasta lograr el récord de más de medio millón de muertos, cinco millones de refugiados que huyeron del país, y un caos internacional por las consecuencias de esa inmensa oleada de solicitantes de asilo que alteró equilibrios tanto en el Medio Oriente como en el seno de la Unión Europea, estuvo así presente en una cumbre árabe cuyo propósito fundamental fue exigir a Israel el cese de las hostilidades contra Hamás.
En ese contexto, y en sentido contrario a las cuentas alegres que quizá esté haciendo Assad por la recuperación de su estatus en el mundo árabe, se aprobó en el Congreso norteamericano el pasado miércoles, en una votación de 389 contra 32, la expansión de sanciones económicas contra las fuentes de financiamiento tanto de los Assad, como de altas figuras del partido Baath, y de los culpables de desviar ayuda humanitaria internacional para beneficio propio. Esta ley recién aprobada se bautizó como Acta de Antinormalización del Régimen de Assad. De hecho, en la ley se menciona que se localizará y sancionará a las fuentes ilícitas de financiamiento de la pareja Bashar y Asma al-Assad. El congresista republicano Joe Wilson, declaró al periódico Al-Monitor que “normalizar a Assad es normalizar la muerte y la depravación”.
Mientras todos esos debates flotan en el ambiente de la alta política, la realidad cotidiana en Siria sigue siendo deprimente. La ensalada de contingentes militares que ahí actúan, ya sea por tierra, mar o aire, es verdaderamente abigarrada: fuerzas iraníes, turcas, rusas, norteamericanas, israelíes y del Daesh o ISIS, se confrontan constantemente, haciendo que Siria, bajo la férula de Bashar al-Assad sea, en los hechos, un Estado profundamente fallido, que sin embargo sigue dando a su dictador y a la pandilla que lo rodea, la oportunidad de seguir viviendo en palacios, rodeados de lujos, y con posibilidad actualmente de regresar a las cumbres árabes donde “el carnicero de Siria” ha pasado a formar parte de los acusadores.
Ciertamente la invasión rusa a Ucrania, y ahora la guerra entre Hamás e Israel, son los temas centrales que acaparan la atención de la opinión pública internacional. Inevitablemente los medios de comunicación van olvidando poco a poco lo que en su momento parecía imposible de poner al margen. Sin embargo, ahí siguen estando los millones de vidas perdidas o fracturadas por los crímenes de dictadores brutales como Bashar al-Assad, quien ha reaparecido sonriente y ufano, en las imágenes fotográficas de las reuniones de alto vuelo político, dueño, al parecer, de una conciencia blindada a toda prueba contra cualquier remordimiento por sus incalificables atrocidades.
