Aumentan violencia y volatilidad

A partir del 7 de octubre la organización chiita libanesa Hezbolá, cuyo potencial militar es mucho más rico y potente que el de Hamás, se sumó a la embestida antiisraelí, aunque de manera contenida. En promedio ha estado lanzando diez ataques diarios a Israel mediante morteros, cohetes y misiles antitanque, respondidos puntualmente por el Estado judío.

El panorama regional es cada vez más preocupante. El Oriente Medio está en llamas desde hace tres meses cuando la organización terrorista Hamás desató su brutal ataque contra Israel. La guerra en Gaza con sus miles de víctimas continúa, así como los cotidianos cohetes y misiles lanzados por Hamás desde la Franja hacia Israel. El norte de Gaza está prácticamente ya en manos del ejército israelí, pero los combates se concentran ahora en el sur, con batallas especialmente complicadas y sangrientas en virtud de la concentración ahí de la mayoría de la población gazatí refugiada del sur, más la que habita normalmente en el norte.

Otro frente abierto, aunque no con la intensidad del de Gaza, es el correspondiente a la frontera norte de Israel colindante con Líbano y Siria. A partir del 7 de octubre, la organización chiita libanesa Hezbolá, cuyo potencial militar es mucho más rico y potente que el de Hamás, se sumó a la embestida antiisraelí, aunque de manera contenida. En promedio ha estado lanzando diez ataques diarios a Israel mediante morteros, cohetes y misiles antitanque, respondidos puntualmente por el Estado judío. Aunque el intercambio de fuego en ese frente ha sido relativamente limitado, cerca de 80 mil israelíes que viven en el norte de Israel, en la zona fronteriza, han sido evacuados hacia otras partes del país como medida preventiva.

Las citadas escaramuzas han cobrado un número limitado de víctimas, y no han escalado hacia una guerra total, pero flota en el ambiente la incertidumbre de si es inevitable que ésta estalle, o si hay aún la posibilidad de que esfuerzos diplomáticos internacionales tengan éxito en conseguir que Hezbolá cumpla con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2006, que lo conminaba a retirar sus fuerzas militares de la cercanía con la frontera de Israel. Y es que se han descubierto túneles sofisticados construidos por Hezbolá en esa zona, por lo que Israel está decidido a conjurar el riesgo de un ataque masivo desde ahí similar al del 7 de octubre. El asesinato perpetrado por Israel hace unos días en Beirut de Saleh al-Arouri, el número dos del brazo militar de Hamás, echó sin duda leña al fuego. De ahí que el jeque Nasrallah, máximo dirigente de Hezbolá, lanzara el miércoles pasado amenazas contra Israel, aunque su lenguaje, belicoso y amenazante, fue, sin embargo, ambiguo respecto a sus verdaderas intenciones en el corto plazo, dejando así abierta la cuestión acerca de sus planes inmediatos. 

Otro de los frentes en plena efervescencia bélica se ubica en la zona del mar Rojo donde las milicias hutíes dependientes de Irán y aliadas de Hamás siguen lanzando ataques a naves mercantes que circulan bajo diversas banderas. Estados Unidos, junto con una docena de países más, han estado amenazando a los atacantes con medidas de represalia, aunque hasta el momento y por no querer escalar más las tensiones, se han limitado a actuar contra algunas de las fuentes financieras que alimentan a dichas milicias yemenitas. 

Desde luego Irán no podía faltar en este escenario complicado y peligroso. Hasta hace unos días podía pensarse que en el tablero regional, Teherán estaba siendo el menos afectado, ya que la guerra en la zona, estimulada y nutrida con los recursos iraníes, dejaba a Irán como el director de la orquesta que maneja los hilos de la guerra sin mancharse directamente las manos. Hamás y Hezbolá han sido quienes le hacen buena parte del trabajo sucio, aun cuando de vez en vez algún alto militar suyo caiga, como fue el caso del comandante iraní, Razi Mousavi, eliminado en Damasco por Israel hace un par de semanas mediante un asesinato selectivo.

Pero resulta que el gobierno de los ayatolas tuvo una desagradable sorpresa el 3 de enero, cuando durante la ceremonia de homenaje al general iraní Soleimani en el cuarto aniversario de su asesinato a manos del ejército estadunidense, un atentado terrorista de enormes proporciones en la ciudad de Kerman, mató a cerca de 85 asistentes e hirió a un número indeterminado. Aunque las autoridades de inmediato culparon a EU e Israel, a las pocas horas el ISIS o Estado Islámico, ya sin califato en pie, pero aún con células activas, se lo había reivindicado. Así que este actor hasta ahora no contemplado en el escenario post 7 de octubre, entra a la vorágine regional complicando aún más el panorama.

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