Aumentan los problemas para Irán
La economía iraní sigue sufriendo por las duras sanciones impuestas por Occidente a raíz de la continuación de su desarrollo nuclear que ha ido escalando en los últimos tiempos. Es quizás por eso que, en la reciente comparecencia de su nuevo presidente, Masoud ...
La economía iraní sigue sufriendo por las duras sanciones impuestas por Occidente a raíz de la continuación de su desarrollo nuclear que ha ido escalando en los últimos tiempos. Es quizás por eso que, en la reciente comparecencia de su nuevo presidente, Masoud Pezeshkian, en el foro de la Asamblea General de la ONU anunció la disposición de su gobierno de retomar las negociaciones a fin de restablecer el acuerdo firmado con el G5+1 en 2015, por el cual se comprometía a detener tal desarrollo y a aceptar la vigilancia de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Como es sabido, Trump rompió ese acuerdo al llegar a la presidencia, y desde entonces Teherán reemprendió el enriquecimiento de uranio y la carrera para hacerse de una bomba nuclear. Los esfuerzos desplegados posteriormente por el presidente Biden para restablecer el acuerdo fueron infructuosos, y hoy es el gobierno iraní quien retoma la iniciativa.
Es incierto si la propuesta de Pezeshkian es sincera, pero lo que sí está claro es que Irán vive hoy una situación mucho más complicada que la que enfrentaba hace un par de años. En primer lugar, destaca el debilitamiento que una de sus fuerzas proxys más importantes, el Hezbolá, ha sufrido en estas últimas dos semanas a raíz de la embestida israelí como respuesta a los ocho mil proyectiles lanzados por Teherán hacia territorio del Estado hebreo desde octubre pasado.
El ataque quirúrgico israelí contra cerca de tres mil militantes de Hezbolá mediante la explosión de su bípers y walkie-talkies, al que se agregaron en los días subsiguientes bombardeos intensos contra los integrantes de las fuerzas de élite del Hezbolá denominadas Radwan, cimbraron la estructura de esa organización terrorista chiita libanesa. Aunque aún le queda un arsenal de decenas de miles de misiles, ha sido evidente que la crema y nata de su dirigencia ha sucumbido y que sus más importantes centros operativos han quedado desmantelados por efecto de la ofensiva aérea israelí. Mientras tanto, la lluvia de misiles y drones lanzada contra zonas diversas de Israel, si bien mantiene a su población en estado de alerta continua, ha conseguido ser neutralizada con gran eficacia mediante el escudo defensivo en posesión del Estado hebreo. El mecanismo de la llamada Cúpula de Hierro, y otras modalidades de esa tecnología aún más sofisticadas, han mostrado una gran capacidad de interceptar y destruir casi siempre tales proyectiles antes de caer en tierra. En síntesis, hasta el momento la ventaja en este duelo está de parte de los israelíes, y para Teherán debe ser una verdadera tragedia ver a su proxy al que le ha invertido tantos recursos y en quien confiaba para destruir a Israel, tan golpeado.
No puede dejar de mencionarse como problema adicional para Irán, la efervescencia política interna. Porque no obstante la represión brutal a la disidencia, la protesta social sigue activa y combativa. Un ejemplo de ello es la huelga de hambre declarada en estos días por 34 mujeres iraníes en la prisión de Evin al cumplirse dos años de la muerte de Mahsa Amini, en protesta por el mantenimiento de las políticas represivas contra las mujeres en razón de su vestimenta y la cobertura de su cabeza.
Pezeshkian, es considerado un moderado dentro del contexto político iraní y ha hecho declaraciones conciliadoras en el sentido de que se cambiarán los protocolos de las fuerzas del orden acerca del tema de la vestimenta femenina con objeto de eliminar la violencia, y prometió también cancelar varias de las restricciones que rigen al uso del internet en el país. Sin embargo, es sabido que el margen de maniobra de los presidentes en Irán es estrecho porque quien en realidad maneja el timón de mando es el ayatola Khamenei.
El panorama para el régimen teocrático de la República Islámica de Irán es así ominoso. No tanto por los problemas internos que son casi los mismos que hace unos años y que se abordarán seguramente con los mismos remedios, sino por una nueva realidad de carácter externo con capacidad de cimbrar con mucha más intensidad al gobierno de Teherán, a saber, el debilitamiento extremo que está sufriendo el Hezbolá, su proxy más confiable como ejecutor de la misión de destruir a Israel.
Al momento de escribir este artículo se anuncia la posible muerte del jeque Nasrallah, líder máximo del Hezbolá como consecuencia de un duro bombardeo israelí. De ser cierto, el desafío para Irán será aún mayor.
