Arte y poder: la censura
Los hermanos de Leila estaba prohibida en Irán debido a que mostraba las penurias económicas de una típica familia iraní, pues se considera propaganda negativa contra el sistema islámico.
Las distintas producciones artísticas suelen ser reflejo de su tiempo y de su circunstancia, revelando de manera sutil o no tan sutil, el entorno en el que se dio su creación. Es así como hoy podemos ver a través del arte producido en la época nazi, el del fascismo mussoliniano o el del realismo socialista soviético, qué valores exaltaban tales sistemas y cuáles denigraban, a qué presuntamente aspiraban y qué habían decidido censurar y anular. Desde luego, se podían sacar conclusiones importantes acerca de la naturaleza del poder dominante tanto por lo que se mostraba, como por lo que se ocultaba o reprimía.
En muchas naciones regidas por dictaduras y autocracias de todo signo, prevalece hoy esa misma situación. La rígida censura, las represalias contra quienes se atreven a mostrar lo que al régimen le incomoda o le afecta, constituyen el reto cotidiano al que se enfrentan los artistas –escritores, pintores, músicos, cineastas– cuando pretenden expresarse en sus obras de manera absolutamente libre, sin las restricciones de la censura oficial.
El ejemplo del premio Nobel turco de literatura 2006, Orhan Pamuk, es paradigmático de las presiones, acosos e incluso amenazas de prisión con que el gobierno de Ankara ha tratado a uno de sus ciudadanos más ilustres, por el hecho de haberse atrevido a tener dentro de su obra, expresiones y contenidos que aluden al genocidio armenio a manos de los turcos entre 1915 y 1917. Como si el silencio y la negación de los hechos históricamente conocidos y comprobados, pudiera borrarlos de los anales del conocimiento universal.
En esa misma línea, el dictatorial régimen iraní, comandado por el poder religioso de los ayatolas, acaba de protagonizar uno más de sus múltiples actos de censura y represalias contra un laureado cineasta iraní de nombre Saeed Roustaee, quien ya desde 2019 estuvo en la mira de las autoridades censoras debido a su película Sólo 6.5, la cual abordaba el grave problema de la drogadicción en su país, lo mismo que la brutalidad e insensibilidad del gobierno y la policía para enfrentarlo.
Esta vez su delito fue haber presentado sin permiso oficial en el Festival de Cannes del año pasado su película Los hermanos de Leila. Este filme, premiado por la Federación Internacional de Críticos de Cine, estaba prohibido en Irán debido a que mostraba las penurias económicas de una típica familia iraní. Una temática considerada como propaganda negativa contra el sistema islámico que rige en el país. La sentencia recibida por el director y el productor de la película ha sido de cinco años en los que no podrá volver a trabajar en la industria cinematográfica. Por lo pronto, tendrán que pasar nueve días en prisión, con la posibilidad de aumentar ese lapso según transcurra el juicio.
El renombrado director de cine norteamericano Martin Scorsese y su hija Francesca han iniciado una campaña de defensa del cineasta Roustaee y de la libertad de expresión en general, tal como en ocasiones pasadas figuras reconocidas internacionalmente también defendieron a otros galardonados cineastas iraníes igualmente reprimidos por el régimen, como Jafar Panahi, director de Taxi Teherán y Asghar Farhadi, autor de El vendedor. En todos y cada uno de los casos de censura y sanciones, la camarilla de los ayatolas, junto con sus colegas integrantes de los Guardianes de la Revolución deciden, mediante un cálculo del costo beneficio de cada una de sus órdenes y decisiones, qué tolerar, qué censurar y cómo sancionar a los creadores.
Es claro que en México, por fortuna, la libertad de expresión artística se ha logrado mantener relativamente incólume durante lo que va del siglo XXI. Sin embargo, en estos últimos años ha empezado a asomar una cierta dosis de autocensura en los artistas, la que inevitablemente crece a medida que el poder hoy dominante y concentrado en las manos del Presidente y sus aliados incondicionales, se revela revanchista y capaz de ejercer graves represalias contra la crítica y la disidencia.
El próximo estreno de la película mexicana Heroico, que aborda críticamente el entorno militar en nuestro país, dirigida por David Zonana y producida por Michel Franco, será un buen termómetro para medir los grados de apertura o cerrazón del sistema actual ante las denuncias que contiene el film en cuestión. Por lo pronto, hemos presenciado ya un esbozo de antídoto contra el contenido de Heroico en el patio de las mañaneras. Ojalá la embestida oficial se quede sólo en un contradiscurso para contrastar versiones, pero no más que eso.
