Arabia Saudita saborea su poderoso estatus

Sin duda, que se haya desarrollado ya una relación boyante de Arabia con Rusia y China, y que recientemente se hayan restablecido relaciones diplomáticas entre el Reino Saudita e Irán, ha empujado a Washington a no quedarse relegado.

Para el príncipe Mohamed Bin Salman (MBS), máximo dirigente saudita, los tiempos han cambiado y la fortuna ahora le sonríe. Después de haber sido acusado de haber ordenado el asesinato en 2018 del periodista saudí-norteamericano Jamal Khashoggi, perpetrado en el consulado árabe en Estambul, pasó a ser considerado una figura repudiada por la administración del presidente Biden, la cual además le reclamaba su nefasto récord en cuanto al respeto a los derechos humanos en su país. Sin embargo, el gobierno de Washington se ha visto obligado en el último año y medio a reconsiderar, ya que los cambios registrados con la invasión rusa a Ucrania y la consecuente reducción del abasto petrolero a nivel mundial, le exigió a Biden dar marcha atrás en su alejamiento del reino, para incluso realizar una visita a Riad con objeto de convencer a MBS de aumentar su producción.

A pesar de que, finalmente, MBS no satisfizo las expectativas de incremento a la producción del crudo que pretendía Biden, el cortejo de éste hacia el príncipe se ha mantenido. De hecho, el miércoles pasado el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, estuvo de visita en Jeddah, donde se celebró un encuentro para discutir asuntos regionales y de la relación bilateral. De acuerdo con el vocero de Blinken, Matt Miller, se habló de “el interés compartido en promover estabilidad, seguridad y prosperidad en Oriente Medio y más allá” incluido Yemen, donde la intervención saudita en su guerra civil se ha mantenido por años.

El tema de los derechos humanos fue relativamente soslayado, prevaleciendo lo referente a la cooperación económica, especialmente en el campo de la energía limpia y las nuevas tecnologías. Todo lo cual, a sabiendas de que MBS no cumplió con las cuotas petroleras prometidas. ¿Por qué? Sin duda, que se haya desarrollado ya una relación boyante de Arabia con Rusia y China, y que recientemente se hayan restablecido relaciones diplomáticas entre el Reino Saudita e Irán, ha empujado a Washington a no quedarse relegado. Según el analista Aarón David Miller, estas relaciones son demasiado importantes y centrales, como para despreciarlas. Sobre todo porque MBS ha logrado ubicarse como un actor político con nexos fuertes con una multiplicidad de naciones, lo cual lo coloca como un extraordinario factor de poder con el que es conveniente estar en buenos términos, más allá de que el reino sea el mayor comprador de armas producidas por Estados Unidos.

Un tema adicional que trató Blinken con MBS fue el de la posibilidad de que Arabia Saudita e Israel normalicen sus relaciones, para ampliar así los Acuerdos de Abraham, por los cuales otras naciones del Golfo ya establecieron nexos oficiales con el gobierno de Jerusalén. La administración de Biden sabe que conseguir acabar con casi ocho décadas de repudio y desconocimiento de Arabia Saudita a la existencia del Estado de Israel podría ser un valioso éxito en política exterior, que elevaría los bonos del partido demócrata en la elección de 2024.

Aunque la resistencia árabe a ceder en ese tema se justifica bajo el argumento de la defensa de los intereses del pueblo palestino, hay cada vez más indicios de un cauteloso, aunque creciente acercamiento hacia Israel, como lo revela el hecho de que MBS ya ha dado permiso de que aviones comerciales israelíes sobrevuelen el espacio aéreo saudita. Igualmente, es un secreto a voces la avidez del régimen y del empresariado árabe por hacer negocios con los israelíes.

El interés por interactuar con el reino de MBS se ha diversificado y multiplicado a tal grado que los cortejantes acuden a él desde muchas partes del mundo. Un ejemplo elocuente de esto es que justo dos días antes de la llegada de Blinken a Jeddah, se apersonó en esa misma ciudad Nicolás Maduro con su séquito oficial, a fin de acordar proyectos de cooperación en petróleo, gas, petroquímica, infraestructura, agricultura y turismo. Acuerdos que le permitirían a Venezuela aliviar sus penurias económicas, derivadas de la nefasta gestión de la dictadura bolivariana y de las sanciones que sufre.

Sin embargo, el interés económico de MBS en esta relación es lo que menos cuenta. Lo importante para el príncipe es mostrarle a EU, a Occidente y al mundo su independencia en política exterior, haciendo gala de su autonomía para relacionarse con quien quiera. El mensaje subyacente es: somos tan ricos y estamos colocados en circunstancias tan favorables, que podemos darnos el lujo de elegir, de entre nuestros múltiples pretendientes, a cuáles atendemos y favorecemos, y a cuáles no. Así que, por lo visto, hoy por hoy el respeto a los derechos humanos en Arabia Saudita se ha convertido en un no tema, convenientemente archivado quién sabe hasta cuándo.

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