África: sale EU, entra Irán

Donald Trump no se da cuenta de que sus decisiones están desembocando no sólo en la incubación de monumentales tragedias humanitarias, sino que también están poniéndole en bandeja de plata a regímenes, como el iraní, la posibilidad de ocupar el vacío.

Mucho se habla de Irán en estos días en razón de las negociaciones entre este país y EU. A pesar de varias rondas de encuentros mediados por Omán, hasta el momento no ha habido resultados concretos que puedan apuntar a una limitación del desarrollo nuclear iraní, ni al fin de las sanciones económicas implementadas por EU y diversas naciones de Occidente. En ese escenario flota la amenaza de un ataque militar de Israel contra su acérrimo enemigo de Teherán, aun cuando el presidente Trump se opone, al menos por ahora, a ello.

Irán constituye a nivel global un desafío, ya que sus objetivos derivan de un régimen cuya naturaleza teocrática lo impulsa a la expansión del imperio de su doctrina religiosa basada en la interpretación islámica chiita a la que se apega. En esa empresa de carácter mesiánico casi todo es válido, incluso la utilización de métodos abiertamente terroristas contra quienes son vistos como un obstáculo para el avance de su misión sagrada.

Dentro de ese proyecto de expansión, le ha sido importante al régimen de los ayatolas contar con aliados temporales capaces de brindarle alivio ante las sanciones que lo agobian cada vez más, lo mismo que puntos geográficos de apoyo para conseguir presencia e influencia en regiones de las que está alejado físicamente pero que le pueden servir de puentes para instrumentar la exportación de su revolución islamista. Así es como ha tejido nexos importantes de carácter económico y militar en América Latina con gobiernos de países como Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, con quienes tiene en común el perfil autocrático y represivo, además de coincidir en su intensa hostilidad contra EU, vigente desde aquel lejano 1979 cuando se fundó la República Islámica tras el derrocamiento del régimen del sha Reza Pahlevi.

En la actualidad, la mira del gobierno iraní también se está dirigiendo al continente africano. Sobre todo en estos últimos tiempos en que países de Occidente que habían estado presentes en África por décadas decidieron abandonarlo debido a consideraciones políticas diversas. Francia y EU han emprendido una retirada de la región que está siendo aprovechada por Rusia, China e Irán. Es así como el mes pasado Irán recibió a 700 hombres de negocios de 38 naciones africanas, como parte de la tercera Conferencia Irán-África, a la que también asistieron los embajadores africanos destacados en Teherán. El ambiente de la reunión reflejó intenciones serias de profundizar todo tipo de relaciones.

Y es que Irán está trabajando arduamente para expandir su presencia en el Cuerno de África, lo mismo que en la región norafricana y en el Sahel. Para ello cuenta con nexos con poblaciones chiitas locales en África Occidental. Sudáfrica, Zimbabue, Tanzania y Kenia se han vuelto sus socios en una diversidad de áreas, al tiempo que Etiopía, que vive desde hace tiempo una guerra civil, le compra a Teherán drones UAV, similares a los vendidos a Rusia para su guerra contra Ucrania.

En contraste, EU se aleja cada vez más del continente africano, el cual se ve ahora amenazado por crisis severas en temas como el de la salud, en vista de la decisión de Trump de recortar casi totalmente los fondos que tradicionalmente se enviaban a través de los programas de USAID. El África subsahariana ha sido la segunda región del mundo en cuanto al monto de ayuda recibida a través de ese organismo (12.7 billones de dólares en 2024). De ahí el cálculo hecho por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de África de que aproximadamente 4 millones de personas pueden morir a causa de enfermedades tratables debido a la falta de recursos. Por dar tan sólo otro ejemplo más, el recorte a los fondos para los programas de VIH/sida en Sudáfrica puede implicar 500 mil muertes durante la próxima década.

Trump firmó esa orden ejecutiva bajo la justificación de que el mundo ha estado abusando de la generosidad de las arcas estadunidenses. Al parecer no se da cuenta de que sus decisiones están desembocando no sólo en la incubación de monumentales tragedias humanitarias, sino que están poniéndole en bandeja de plata a regímenes, como el iraní, la posibilidad de ocupar el vacío. Por un lado, presume de la inteligencia de sus políticas para contener las ambiciones de expansión iraní, y por el otro, al parecer sin siquiera percatarse, está abriendo la puerta a que, de manera sutil o no tan sutil, los intereses del islam radical chiita, propios de Irán, se adueñen de la cancha.

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