Acuerdos y cooperación
La relación entre los dos países también se ha expresado mediante intercambios económicos. El más reciente ejemplo, de gran envergadura, es el del acuerdo al que se acaba de llegar por el cual Egipto expandirá su importación de gas natural proveniente del campo israelí de Leviatán. El contrato para dichas transacciones se ha extendido hasta 2040 por un monto a lo largo de ese periodo de 15 años de 35 billones de dólares. Hasta ahora las compras de ese insumo de parte del País del Nilo sumaban 23.5 billones de metros cúbicos de gas.
Es, sin duda, un lugar común la afirmación de que más vale conciliar y llegar a acuerdos, que permanecer atrincherados en el espacio amargo del conflicto, el antagonismo y la rijosidad. Vale esta idea de Perogrullo para las relaciones entre individuos y organizaciones, como también para gobiernos que cargan con la responsabilidad de dirigir los destinos de pueblos enteros. Y, sin embargo, la realidad mundial en estos tiempos aciagos nos sacude cada día con información que revela un crecimiento exponencial de los disensos y de las confrontaciones infectadas de odio y violencia, y en contrapartida, una baja continua en la cantidad de acuerdos y proyectos de cooperación que den esperanza de que no todo está perdido y de que aún quedan islas de esperanza a las que es posible acogerse.
Lo arriba expuesto pretende ser el marco en el que rememorar, a la sombra de la violencia que hoy se enseñorea en el Oriente Medio y de la que parece no haber escapatoria, tiempos mejores que anunciaban horizontes prometedores. Se trata de los llamados Acuerdos de Paz de Campo David firmados en 1979 entre los mandatarios de Egipto e Israel —Anwar al Sadat y Menahem Begin respectivamente— quienes con la mediación del presidente norteamericano Jimmy Carter, por primera vez consiguieron romper el sólido bloque de rechazo del mundo árabe a la existencia del Estado de Israel. Si bien es cierto que no todos los prejuicios y estereotipos mutuos que prevalecían en razón de un pasado de guerras y derramamiento de sangre quedaron borrados totalmente, 46 años después esa paz firmada en 1979 se sostiene y aún rinde frutos.
Uno de esos frutos ha sido un largo lapso de más de cuatro décadas durante las cuales no se cuentan más que un puñado de ocasiones en los que se registró violencia fronteriza entre los dos países lo cual le permitió mayor tranquilidad a Israel en ese frente y a Egipto un alivio económico significativo en tanto su presupuesto destinado al rubro militar pudo disminuir para así dedicar mayores recursos a diversas áreas de desarrollo social, descuidadas en tiempos anteriores ante la prioridad de combatir a Israel.
El beneficio de haber pactado la paz y establecido relaciones diplomáticas se mostró también en cada ocasión en que conflictos armados estallaron entre Israel y un Hamás dominante en Gaza. En todos esos casos el gobierno egipcio fungió como mediador para pactar treguas y ceses al fuego, al igual que para negociar sus términos. Ese papel ha seguido siendo jugado por los egipcios a lo largo de los últimos 22 meses con esos mismos objetivos, que han incluido también la liberación de los rehenes israelíes en manos del Hamás.
La relación entre los dos países también se ha expresado mediante intercambios económicos. El más reciente ejemplo, de gran envergadura, es el del acuerdo al que se acaba de llegar por el cual Egipto expandirá su importación de gas natural proveniente del campo israelí de Leviatán. El contrato para dichas transacciones se ha extendido hasta 2040 por un monto a lo largo de ese periodo de 15 años de 35 billones de dólares. Hasta ahora las compras de ese insumo de parte del País del Nilo sumaban 23.5 billones de metros cúbicos de gas.
El primer ministro egipcio, Mostafá Madbouly, expresó que mediante este acuerdo se le asegura a su país gas a menor precio en comparación con importaciones de otras partes, lo cual permite a Egipto funcionar como exportador regional de energía al revenderlo a Europa como gas natural licuado. En síntesis, una transacción en la que ambas partes ganan.
Lo anteriormente expuesto revela que ha logrado prevalecer una relación pragmática entre Egipto e Israel capaz de subsistir a pesar de los altibajos y crisis regionales y de las turbulencias locales que tan frecuentemente han creado situaciones críticas para ambas naciones. Afortunadamente, los gobiernos involucrados a lo largo de este casi medio siglo han sido lo suficientemente sensatos como para impedir que ideologías fanatizadas, alimentadas por radicalismos de todo tipo, impongan sus agendas destructivas. Un modesto, pero significativo logro en ese escenario regional en el que por desgracia el caos, los odios ancestrales y la violencia se han vuelto la norma.
