Hernán Cortés: a 500 años de Cozumel
El próximo jueves 21 de febrero se cumplen 500 años de la llegada de Hernán Cortés a la isla de Cozumel, en 1519, primera escala mexicana de su expedición que culminó con un desenlace de gran trascendencia para la historia universal todavía con repercusiones ...
El próximo jueves 21 de febrero se cumplen 500 años de la llegada de Hernán Cortés a la isla de Cozumel, en 1519, primera escala mexicana de su expedición que culminó con un desenlace de gran trascendencia para la historia universal (todavía con repercusiones actuales), la conquista del imperio azteca en 1521. Después de dos exploraciones fracasadas (de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva), pero sin perder entusiasmo por las noticias sobre las riquezas americanas, el 23 de octubre de 1518, el gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, nombra capitán a Hernán Cortés, quien había participado en la conquista de la isla, y premiado con la alcaldía de la recién fundada Santiago de Cuba, con la misión de establecer un asentamiento en Yucatán. La empresa enfrentó fuertes dificultades, incluso, fue cancelada por Velázquez a última hora, pero el extremeño siguió con lo planeado, reunió diez carabelas, reclutó 400 hombres, integrada por experimentados marinos y soldados como el piloto Antón de Alaminos (veterano de las dos campañas previas), Pedro de Alvarado (conquistador de Cuba), Juan de Escalante, Francisco de Montejo, Alonso de Ávila y Diego de Ordás, entre otros.
La expedición partió de la isla el 18 de febrero de 1519, y tres días más tarde arribó a Cozumel (descubierta por Grijalva), lugar de peregrinación a uno de los templos mayas más importantes dedicados a Ixchel, diosa de la fertilidad, y reconocido oráculo. Según relata el propio Cortés, encontró el sitio “despoblado”, ya que los indios se fueron a los montes, ante el temor por los advenedizos. Cuenta que les hizo llegar mensajes de “paz”, conminándolos a convertirse a la religión católica y a ser vasallos de la Corona española, porque si lo aceptaban, “se verían muy favorecidos”. Como pasaba el tiempo y no se obtenía respuesta de los indígenas, Cortés envió a dos de sus capitanes, con 100 hombres cada uno, para que fueran a los dos extremos de Cozumel y hablasen con los caciques, los atrajesen con regalos y promesas, y se les dieran garantías en sus vidas y haciendas, de sus “buenas intenciones”, pero que no se irían del lugar hasta hablar con ellos.
Días después, dialogaron con el cacique principal y consiguieron que los indios retornaran a sus pueblos y, sobre todo, que reconocieran a sus nuevos señores. Fue entonces que éstos se enteraron de que había españoles cautivos en Yucatán (producto de un naufragio ocho años atrás) y se envió una misión para rescatarlos, aunque no los encontró. Ante ello, Cortés siguió con sus planes, pero antes de partir hacia la península, lo alcanzó Jerónimo de Aguilar, quien había estado preso, para sumarse a la expedición y le sirvió de valioso intérprete. Después de 15 días, finalmente los expedicionarios dejaron la isla (con sus nativos “alegres” y serviciales), rebautizada con el nombre de “Santa Cruz”.
Cozumel le sirvió a Cortés de campo de experimentación en tierras mexicanas para sus futuras conquistas. Conjugó la intimidación con la diplomacia, la presión político-militar con el regalo de “espejitos”, y aprovechó la cosmogonía, los temores y la buena disposición de los mayas. Obtuvo un mayor conocimiento de las nuevas tierras, y se despertó aún más su apetito de gloria y riquezas. Si bien este primer encuentro entre Cortés y los mayas no fue violento, la imposición del catolicismo y del vasallaje anticipó el choque civilizatorio que produjo un genocidio, pero también la fundación de una nueva civilización y de la nacionalidad mexicana.
ENTRETELONES
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