Cobro de facturas

Y traiciones intensificarán la guerra tribal y las desbandadas en el PRD.

Después de que fue excluido de las plurinominales y planchado en las candidaturas del DF (su tribu sólo obtuvo 10% de las mismas y tres delegacionales con la salida), René Bejarano responsabilizó al jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, de interferir y ensuciar el proceso interno. Acusó que en represalia por esta denuncia se formó un bloque en su contra para marginar a su corriente de la competencia electoral. Criticó que con la pasada selección de candidatos “se traiciona un proyecto” y advirtió que fue “una mala decisión que tendrá un costo electoral”. Pese a ello, aseguró que seguirá como perredista y negó que llame a votar por Morena.

Tanto la dirigencia nacional como la capitalina y el mismo Mancera rechazaron sus aseveraciones. Ante la velada amenaza bejaranista, el presidente del sol azteca capitalino, Raúl Flores, afirmó que se “acabó la era de Bejarano en el PRD”, ya que su grupo fue relegado a menos de 20% del Consejo Estatal y dijo que “no vamos a dejar que el chantaje o la presión sean métodos para sobrerrepresentarse”. “Bejarano tiene que entender que los tiempos de denostación, la descalificación, es lo que ya la gente no quiere… un partido rijoso”. Perredistas como Leticia Quezada pidieron a su exjefe que se desista de sus declaraciones, y que si no está de acuerdo con el reparto de las candidaturas que renuncie al partido.

Se viene a pique la nave bejaranista, se suceden las traiciones y abandonos: el ahora “mancerista”, delegado de Cuauhtémoc con licencia, Alejandro Fernández reveló que existe desesperación de Bejarano “debido a la mala posición en que quedará”. También destaca la traición de José Luis Muñoz Soria, a cambio de la candidatura por aquella delegación, y el abandono de Leonel Luna, jefe delegacional con licencia en Álvaro Obregón, y para quien, Bejarano ya es un lastre. Con ello, deja a los bejaranistas sólo con Azcapotzalco y Benito Juárez.

Es el momento del cobro de facturas. Bejarano se queja del agandalle de Los Chuchos (Nueva Izquierda) y de sus tribus aliadas, Vanguardia Progresista, Foro Nuevo Sol y Alternativa Democrática Nacional, quienes a su decir “se sirvieron con la cuchara grande al autoasignarse las candidaturas”. Naturalmente se le olvida que él, cuando era “el hombre fuerte de la capital”, hacía lo mismo: corrompía, chantajeaba, dividía, planchaba y, si podía, aplastaba a sus enemigos, actuando igual que Ebrard, quien ahora también llora y se victimiza, pero como jefe de Gobierno fue implacable con sus rivales. Ahora sus enemigos comandados por Héctor Serrano, operador político de Mancera, les dieron una dosis de su propia medicina.

No sólo se trató de una vendetta política y/o personal. Ante la grave crisis que sufre el PRD, le resulta fundamental blindar sus candidaturas, lo que implica deshacerse de políticos impresentables como lo son Bejarano y Ebrard, personajes emblemáticos de la corrupción. Para el PRD candidatearlos equivalía al harakiri (aunque siguen sin deshacerse de Padierna, Toledo, Valencia…), lo que al parecer no les importa a López Obrador ni a Dante Delgado, pues sus seguidores están acostumbrados a respaldar cartuchos quemados de la política, empezando por ellos mismos. Victimizados, Bejarano y Ebrard les resultan útiles para el torpedeo político y cortina de humo de otras “finas personas” que Morena y Movimiento Ciudadano también candidatean.

La encrucijada perredista es clara: por un lado, se deshacen de innombrables (y limpian el camino a Mancera para 2018), pero por el otro, intensifican las guerras tribales, las fracturas y las desbandadas en pleno proceso electoral. Por lo pronto, María Rojo se salió del sol azteca, y conforme se atrincheran los clanes familiares se anticipan más deserciones que Morena buscará capitalizar. 

Entretelones

El verdadero riesgo es que ganen los populistas y se “argentinice México”.

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