La izquierda se hace el harakiri
Al defender el cochinero de Ebrard en pleno proceso electoral.
El coordinador del PRD en la Cámara de Diputados, Miguel Alonso Raya, afirmó que “en el caso de la Línea 12 del Metro el PRD no protege irregularidades ni pretende ocultar nada, lo que demandamos es que se haga una investigación objetiva, imparcial y seria, donde se deslinden responsabilidades”. Aseguró que “con este tema están buscando la manera de enlodar a la izquierda, pero en ese sentido en el PRD hemos sido muy claros que no toleraremos acto de corrupción alguno”. “Con el pretexto de la Línea 12 buscan crear una distracción sobre los problemas serios que tiene el país, entre ellos la corrupción e impunidad”.
Práctica común de la izquierda es culpar a otros de sus corruptelas y crear cortinas de humo para encubrirlas, consistentes en la victimización y la politización, sobre todo cuando los agarran con las “manos en la masa” y, por ello, sufren una bancarrota política y moral sin precedentes. Hasta el megafraude de la L12, López Obrador y Bejarano eran los campeones de los “complós” y de la victimización, y ahora, Ebrard quiere emularlos.
En un nuevo capítulo de corrupción y cinismo, Marcelo Ebrard y Mario Delgado fueron exhibidos en la comparecencia ante la Comisión Especial de la L12. Ebrard quiso hacer de la reunión un circo mediático a su favor, deslindarse de toda responsabilidad, culpar a sus exfuncionarios y a la empresa española CAF de los “errores de la obra”, exigir reponer el informe de la citada comisión e insistir en la politización del caso. Sin embargo, el diputado Isidro Moreno mostró una carta que el exdirector del Metro, Francisco Bojórquez, le envió a Ebrard en agosto de 2007 (10 meses antes de que se iniciara la construcción de la obra) advirtiéndole que, si bien “más del 90 por ciento de metros en el mundo son férreos, yo le sugiero que decidamos por trenes neumáticos, previendo cualquier incidente grave en la nueva Línea 12 que pudiera opacar sensiblemente nuestra administración, dadas las condiciones de inestabilidad de los suelos del DF. Vayámonos por la segura”.
Ebrard supo de los riesgos con bastante anticipación, desoyó las recomendaciones e inauguró precipitadamente la L12, dada su prisa por ser candidato a la Presidencia como hoy ansía la diputación plurinominal, entre otras cosas, para seguir evadiendo su responsabilidad. Ha intensificado su cabildeo y sus maniobras político-mediáticas para tratar de “tapar el sol con un dedo”, ya que conforme avanzan las investigaciones y los informes —como el de Systra— sale a flote el cochinero de la L12, que revela el por qué del cierre parcial de la Línea Dorada.
Se ha difundido que la puesta en operación de los trenes provocó daños en el sistema de vías y que ello fue detectado antes de que la ruta fuera inaugurada; que el desgaste ondulatorio de las vías, las vibraciones y la inestabilidad en el viaducto elevado permanecerán si no se modifica el trazo original; graves conflictos de interés; presuntos desvíos de dinero público de 30 mil millones (¿a Eugenio Ebrard?). Sin olvidar, además, el ejidatario muerto por oponerse a la obra; las denuncias de los vecinos por las afectaciones a sus viviendas y por las indemnizaciones no pagadas por terrenos expropiados en Culhuacán, y en la actualidad, 70 millones gastados en la detección de fallas, los 883 millones que se invertirán para la rehabilitación de la línea, que no ha podido ser reabierta en su totalidad.
El PRD, en particular, no aprende: ni siquiera por el total descrédito que le implicó el caso Abarca-Aguirre: sigue cobijando corruptos y abre un boquete por donde será torpedeado en las próximas campañas electorales. ¿A qué le tira el PRD al apoyar a un personaje que tiene una larga cola que le pisen (New’s Divine, Tláhuac, etcétera)? Le apuestan al olvido de las corruptelas, pero sus contendientes se encargarán de recordarlas durante las campañas.
Entretelones
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