Una decisión de Estado…
Cué sabe que dio un primer paso, uno apenas, hacia la devolución de la tranquilidad y el orden a Oaxaca.
Apenas al iniciar el día en Oaxaca, flanqueado por el secretario de Educación Pública (federal), Emilio Chuayffet Chemor, y por el mismísimo vocero presidencial Eduardo Sánchez Hernández —“para que no quedara ninguna duda del apoyo pues…”— el gobernador Gabino Cué Monteagudo realizó el anuncio que, en opinión de los más, debió hacer cinco años atrás y que, en los dos últimos años al menos, se volvió clamor social: el inicio del fin del ilegal proceder de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y de sus impresentables liderazgos.
Ayer, efectivamente, luego de mucho negociar y construir con el gobierno federal, el mandatario oaxaqueño asumió la más grave y, sin duda alguna, importante decisión de su gestión: disolver el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca y, con ello, dar por terminados los (vergonzosos) acuerdos signados por él y sus antecesores, entre 1992 y la fecha, con la (cuasi guerrillera) Sección 22 de la CNTE: la cesión a la organización magisterial del otorgamiento de plazas de maestros, el manejo del presupuesto del rubro educativo, la opción de ocupar 92% de las plazas del propio IEEPO y, en los hechos, asumir en plenitud la rectoría del sistema educativo estatal.
“Se tomó una decisión de Estado”, explicitó de manera atinada el mismo Cué Monteagudo que, en su fuero interno, sabe bien que con el anuncio dio un primer paso, uno apenas, hacia la devolución de la tranquilidad y el orden a Oaxaca, la recuperación de la rectoría de la enseñanza, por parte del gobierno estatal y del federal y, más importante, hacia la plena liberación de la sociedad y la administración gubernamental del yugo, impuesto por los maestros vándalos controlados —lo dijimos apenas el sábado último: Cué, su estado fallido— por liderazgos de izquierda radical, no pocos de ellos vinculados a la guerrilla local.
Posibilitar la plena implementación de la Reforma Educativa que, como objetivo superior, aspira a elevar la calidad de la educación que reciben millones de niños y jóvenes mexicanos, es el principal propósito de la celebrada decisión. Así se dijo y así se planteó, destacando que nada existe en ésta que contravenga o amenace los legítimos derechos del magisterio o, más, que carecen de razón las exigencias que por vía de la presión callejera o a través de la acción violenta contra instancias del Estado o la sociedad misma, pretenden suplantar el superior derecho de niños y jóvenes por el de un sector (“no el magisterio todo, sino solo”), los impresentables líderes del magisterio radicalizado.
Habría que ver, y actuar en consecuencia, de la respuesta que ante el anuncio de la medida explicitó la sociedad a través de redes sociales u otras vías. El apoyo a la misma fue abrumador, y el explícito reclamo de no ceder ahora a la presión y al chantaje (que con toda seguridad habrán de darse), fueron la constante.
Ignorarlo, sería un grave error.
Asteriscos
* En busca, una vez más, de la gubernatura veracruzana, Gerardo Buganza, el expanista y desde hace cinco años “simpatizante” del PRI, el que aseguró pagar cuotas y realizar aportaciones (económicas), y del gobernador Javier Duarte, abandonó la Secretaría de Gobierno que este mismo le confió y, a decir de sí mismo, ahora buscará el apoyo popular a una candidatura “independiente” para suceder al mandatario (en un periodo… de) ¡al menos dos años!, qué cuestionable.
* De no ocurrir nada extraordinario —aunque aún hoy ¡el perredismo chiapaneco está exigiendo “voto por voto” en su favor!, y su líder Gustavo Madero externa que “llegará hasta donde sea necesario…” en defensa de su presunta victoria— esta tarde, con una ventaja de 534 votos, se confirmará el triunfo del priista Fernando Castellanos en la puja por la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez y, obvio, la derrota de Francisco Paco Moches Rojas Toledo… la más acabada versión del “nuevo panismo”.
Veámonos el viernes, con otro asunto De naturaleza política.
