Sentir en lugar de pensar
El elevado interés por los XV años de Rubí confirma la disposición de millones de mexicanos para conducirse mediante emociones; hay una añeja predisposición de engancharse con historias ajenas, ficticias o reales. No se piensa. Se siente y así se vive. Este “no ...
El elevado interés por los XV años de Rubí confirma la disposición de millones de mexicanos para conducirse mediante emociones; hay una añeja predisposición de engancharse con historias ajenas, ficticias o reales. No se piensa. Se siente y así se vive.
Este “no pensar” ha sido determinante para permitir la inseguridad, tolerar la corrupción y la demagogia. No reflexionar, no meditar, no delimitar prioridades es un mal nacional que también permea en la incapacidad productiva, el desperdicio de las nuevas tecnologías, pero sobre todo la ausencia de entereza para enfrentar problemas.
Por eso los XV años de Rubí constituyen el ejemplo a modo de esta desbordada realidad. La anécdota es sencilla: una invitación de cumpleaños contenida en un video de 50 segundos dirigido a una comunidad pequeña, donde no hay acceso al internet, se viralizó. Más de 1 millón de cibernautas se manifestó dispuesto a asistir; llegaron 30 mil. En las redes sociales los insultos se impusieron al mínimo análisis. Se violentó la privacidad de Rubí y muchos medios de comunicación hicieron una pésima cobertura.
¿Cuál es el aprendizaje de este fenómeno mediático? Algunos analistas han ofrecido interpretaciones pero la población no parece interesarse en ellas. Tampoco ha sucedido con otras notas más relevantes como la escasez de gasolina en varias entidades federativas. Definitivamente en México las noticias no se transforman en productos que inviten a pensar. Nos hacen sentir pero ahí nos quedamos. Las sensaciones de molestia o indiferencia difícilmente dan paso a la comprensión.
Y como vienen las cosas todo indica que las nuevas generaciones tampoco van a saber hacer uso inteligente de la información. Es muy pequeña la capacidad de pensar en este país. El último informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA 2015), realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reveló que en Ciencias, Lectura y Matemáticas solo menos del 1% de nuestros jóvenes de 15 años alcanza el nivel de competencia de excelencia internacional.
Este y otros estudios nos están advirtiendo que como país la capacidad de pensar no se despliega, que sigue concentrada en segmentos muy pequeños. El científico mexicano Víctor Hugo Robles Sánchez acaba de advertir que dentro de unos 15 años vamos a contar con información de excelencia pero que la falta de expertos no permitirá aprovecharla.
¿Se puede en este entuerto enseñar a ser inteligente? En 1973 el científico venezolano Luis Alberto Machado escribió un singular ensayo donde afirmaba que sí, que la inteligencia además de desarrollarse se puede también enseñar.
Uno de sus principios es el que permite establecer relaciones. “La materia misma no es otra cosa que una relación” aseguró Machado para ejemplificar: “con las mismas partículas elementales se forman todos los cuerpos del mundo visible, lo que varía es la relación existente entre ellas”, agregó.
Entendida como la capacidad de nuestra especie para comprender y resolver, la inteligencia se ha potenciado mediante ese principio de la relación en otros ámbitos. De esta manera, al pintar se relacionan los colores con las formas; al componer música se relacionan las sensaciones auditivas, de hecho toda la música del mundo se ha escrito con siete sonidos; al escribir se relacionan las palabras con los significados, ejemplificó.
En ese formidable ensayo el autor advirtió que si el hombre lleva tantas décadas creando inteligencia artificial resulta un sinsentido que no la desarrolle precisamente en el cerebro del individuo, diseñado por la naturaleza para razonar.
La vida de Machado es muy interesante porque sus tesis fueron parte del gobierno del presidente venezolano Luis Herrera Campis (1979-1984), quien impactado por los argumentos del científico le creó un despacho en su gabinete destinado a desarrollar la inteligencia. Desafortunadamente el proyecto se truncó con el cambio de administración, si bien existen afirmaciones de que tuvo sus efectos como política de Estado.
La tesis de Machado merecía profundizarse, pero no pudo conservar la voluntad política de su lado. En México, la Secretaría de Educación Pública tampoco tiene esa voluntad política para explorar rutas que promuevan la inteligencia, ni en sus alumnos, ni en sus maestros ni en sus funcionarios.
Referencias
Machado, Luis Alberto. La revolución de la inteligencia, Ed. Seix Barral, 1977, Barcelona.
