Monjas que fuman marihuana
El estigma asociado a la marihuana no permite dimensionarla en ámbitos diversos que van de lo clínico y médico hasta lo lúdico o espiritual. Mucha gente sigue entendiéndola como un problema de salud, de adicciones, violencia, desempleo y marginalidad. Por ese motivo ...
El estigma asociado a la marihuana no permite dimensionarla en ámbitos diversos que van de lo clínico y médico hasta lo lúdico o espiritual. Mucha gente sigue entendiéndola como un problema de salud, de adicciones, violencia, desempleo y marginalidad.
Por ese motivo son oportunos los reportajes, fotografías y videos sobre la congregación de “monjas” que cultivan, fuman y comercializan productos de marihuana en los valles agrícolas de California, con fines medicinales. Llevar atuendo y vida religiosa, aunque no sean católicas, les permite romper el estereotipo del consumidor “adicto”, “sucio”, “vago” y “peligroso” incorporado en la opinión pública.
La fuerza mediática de esta singular congregación obliga a reelaborar el discurso estigmatizador porque parecen más monjas que consumidoras de marihuana. No es lo mismo usar productos del cáñamo cuando el estigma está ausente. En consecuencia, ¿cuál es la diferencia entre un hombre adicto y la religiosa llena de pulcritud que cultiva, consume y comercializa estas plantas?
Ese es el punto. Aquí está un ejemplo de ruptura discursiva que confronta el asidero de la moral católica contra los psicotrópicos. Y esto es así porque el papel subversivo dentro de los ámbitos religiosos regularmente es femenino. Pienso en las católicas que pugnan por el derecho a decidir o en las monjas oblatas que reparten condones.
Por eso, para desarticular el estigma de la marihuana resulta indispensable divulgar los diversos rostros de quienes consumen sus productos. En nuestro país así está sucediendo en el ámbito de la salubridad pública desde hace meses, porque el Senado aprobó su uso para fines medicinales y científicos.
En un formidable estudio que Juan Ramón de la Fuente coordinó respecto a la relación de la salud con el consumo de sustancias extraídas de la cannabis sativa (con el aval de la Academia Nacional de Medicina, de la UNAN y del CONACYT) se aborda precisamente el estigma asociado a su consumo, a partir de una elaboración prejuiciada: “que el uso de sustancias psicoactivas conduce de manera inevitable a la degradación del ser humano. En los imaginarios colectivos de muchos de los no consumidores, la marihuana simboliza la puerta de entrada al oscuro, peligroso y degradante mundo de las drogas”.
Eso se afirma sin pruebas. Sin embargo, lo que sí es verdad son las sustancias psicoactivas peligrosas que están legalizadas y dañan como el tabaco y el alcohol, asociados anualmente a miles de muertes por cáncer pulmonar o por accidentes, mientras que el consumo de marihuana no deviene en muertes o accidentes.
Lo anterior hay que subrayarlo porque el mayor número de consumidores de marihuana la adquiere para fines recreativos y lúdicos, bajo procedimientos de auto regulación que no son adictivos. En el estudio coordinado por De la Fuente se pone énfasis en el estigma porque asocia “uso” con “adicción”, sin importar el tipo de droga o patrón de consumo. Un proceso por el cual se “invisibiliza a la población de consumidores que no padecen abuso o dependencia”.
Creer que fumar algún cigarro, porro, gallo o baisa, así como darse un toque o un son, constituyen expresiones que dañan a la salud o derivan en adicción, oculta el verdadero rostro del espectro: “que las personas estigmatizadoras tienen sus propios vicios y que inclusive éstos son más perjudiciales que la propia cannabis, entre ellos el consumo de alcohol, tabaco, ludopatía y hasta la adicción al poder”, subraya el citado estudio.
Al respecto baste referir el pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que amparó a un grupo de ciudadanos para consumir derivados del cáñamo con fines recreativos. Un paso más a favor de su desestigmatización.
El uso libre de la marihuana no es la única actividad marcada por el descrédito. De hecho, estamos inmersos en un mar de significados estigmatizados en materia de salud, libertad, sexualidad, política y credo.
Por eso hay que dimensionar y valorar la fuerza de aquellas noticias pero sobre todo imágenes que rompan paradigmas. El ejemplo de las “monjas mariguanas” demuestra una vez más la fragilidad del estigma.
Referencia
De la Fuente, Juan Ramón (coordinador), Marihuana y salud. Ed. Fondo de Cultura Económica, 2015, México.
@LuisManuelArell
