La expropiación de la salud (III)

El tratamiento para la infección por Virus de Inmunodeficiencia Humana se desarrolló vertiginosamente: el medicamento que evita su replicación también impide su transmisión. Por eso los antirretrovirales son clave para acabar con la epidemia. Sin embargo, las ...

El tratamiento para la infección por Virus de Inmunodeficiencia Humana se desarrolló vertiginosamente: el medicamento que evita su replicación también impide su transmisión. Por eso los antirretrovirales son clave para acabar con la epidemia.

Sin embargo, las medidas tomadas globalmente no han caminado hacia la erradicación del VIH sino a su control. Se desconoce si existen agendas científicas que impulsen el potencial farmacéutico para eliminar por completo la infección o cuando menos para reducir la ingesta diaria de antirretrovirales.

Lo que es un hecho es que el potencial preventivo de esos medicamentos (clínicamente demostrado) ha creado un nuevo mercado para su consumo en personas que no viven con VIH pero que están expuestas a infectarse por vía sexual. De hecho, el uso de los antirretrovirales como recurso profiláctico ha estado indicado desde hace años en embarazadas y en lo que se denomina accidente por riesgo ocupacional.

Erradicar tendría que ser la palabra precisa cuando se hable de luchar contra el VIH/sida; ya que tomar medicamento de por vida o tomarlo para no infectarse configura una codependencia hacia fármacos que más allá de sus indiscutibles propiedades clínicas son también un negocio multimillonario para los laboratorios que los fabrican y las farmacéuticas que los venden.

Durante años los pacientes se han preguntado por qué estos medicamentos no pueden eliminar de manera definitiva la infección y por qué no pueden traspasar los reservorios de VIH latente. Se sabe que la ciencia médica ha tratado de superar esa limitación, pero queda la sospecha o al menos la percepción de que no se hace lo suficiente e, incluso, de que sí existe la forma de hacerlo. La llamada “paciente de Buenos Aires” es un caso concreto de remisión del VIH a partir de antirretrovirales.

La otra pregunta es respecto a la dosis y combinación de estos fármacos; ¿por qué no se implementan biterapias en las guías de manejo antirretroviral cuando existen estudios que comprueban su efectividad? O ¿Por qué no se reduce la ingesta diaria de antirretrovirales cuyos principios activos permanecen más tiempo en la sangre como ha sido el caso del efavirenz? Recientemente se presentaron los resultados del estudio QUATOR (reconocido por la Agencia Nacional Francesa de Investigación sobre Sida) que comprobó la efectividad de tomar antirretrovirales cuatro días a la semana en personas con carga viral indetectable.

Estos datos, que definitivamente necesitan profundizarse para precisar su verdadera dimensión, podrían configurar un punto de partida para pensar con mayor compromiso en la cura de la infección por VIH o al menos en intoxicar menos al cuerpo.

La esperanza que está generando la tercera fase del proyecto Mosaico para probar la eficacia de una vacuna preventiva del VIH también lleva a cuestionarse si una vez alcanzado el objetivo la vacuna podría sustituir el uso profiláctico de los antirretrovirales, es decir, las profilaxis conocidas como PrEP (antes) y PEP (después) de una probable exposición al virus, situación que  rompería el mercado ya citado por el cual algunos laboratorios tienen ahora medicalizada la salud sexual de miles y miles de personas sin VIH ingresadas en dichos tratamientos.

Hay que discutir estos temas, hay que responder la pregunta respecto a qué tanto la industria farmacéutica de alta tecnología creó condiciones de biopolítica en torno al VIH porque, debe decirse, a nivel global cientos de millones de personas viven medicalizadas para evitar el desarrollo del sida, pero también de otras enfermedades.

Juan Gérvas y Mercedes Pérez Fernández han alertado sobre cómo la biopolítica expropia el cuerpo y con ello la salud, la enfermedad y hasta la muerte al permitir que sea la medicina la que determine “lo que es sano, normal, conveniente y bueno en todas las actividades individuales y sociales, como las horas de insolación en la playa, el consumo ‘moderado’ de alcohol, el sexo ‘prudente’ o las cantidades de fibra ‘recomendable’ en la dieta”.

Hace falta pensar en los mecanismos que podrían redimensionar el manejo de padecimiento crónicos y la excesiva medicalización. No es un asunto solo del VIH. La experiencia profunda del Covid-19 permite dimensionarlo mejor porque se establecieron prioridades para salvar vidas ante la infección por el SARS-CoV-2 y se relajaron los procesos biopolíticos para el control de otras enfermedades consideradas crónicas. La medicina es indispensable para cuidar la salud pero la vida no gira en torno a ese precepto sanitario.

  • Gérvas, Juan/ Pérez-Fernández, Mercedes. “La expropiación de la salud”, Ed. Libros del Lince, 2015, Barcelona

@LuisManuelArell

Temas: