Homosexualidad, lo público y privado

Cada vez los colectivos LGBTTTI atienden menos su intimidad. Prevalece un discurso orientado hacia la identidad social, direccionado al espacio público, la tribuna y la marquesina. Queda la impresión de que el gozo existencial brota de las calles y los espacios ...

Cada vez los colectivos LGBTTTI atienden menos su intimidad. Prevalece un discurso orientado hacia la identidad social, direccionado al espacio público, la tribuna y la marquesina. Queda la impresión de que el gozo existencial brota de las calles y los espacios comunes.

En casi medio siglo de activismo las reivindicaciones de la diversidad sexual mexicana acumulan muchos triunfos, eso es indiscutible; sin embargo no han logrado consolidar el derecho a una privacidad resguardada desde el Estado de Derecho, como sí la tiene los heterosexuales.

De acuerdo a Laura Berlant y Michael Warner la intimidad ha estado privatizada a favor del sexo legitimado culturalmente. Y eso se puede apreciar porque “las formas heteronormativas de intimidad se apoyan no solo  en el discurso abiertamente referencial de las historias románticas, sino también en aspectos materiales como las leyes matrimoniales y familiares, la arquitectura de lo doméstico, la zonificación del trabajo y la política”.

Desde la perspectiva de ambos académicos, en los intentos por construir un referente propio pero privado, “las parejas del mismo sexo han podido inventar versiones de esas prácticas (…) sin transformar las condiciones materiales e ideológicas que separan la intimidad de la historia, la política y los entes públicos”.

El 17 de mayo de 2016 es la fecha histórica por la cual en México se articuló un discurso para modificar la estructura heteronormativa. El presidente Enrique Peña Nieto tendió camino para cimentar sobre el Estado de Derecho las formas de vida afectiva, erótica y personal que configuran las parejas del mismo sexo.

El Ejecutivo propuso modificar el Código Civil Federal para permitir el matrimonio igualitario, el divorcio, la adopción y el cambio de acta de nacimiento reconociendo la identidad de género libremente elegida.

Releer la iniciativa, a 366 días de distancia, permite apreciar mucho mejor la oportunidad perdida para darle certeza a las expresiones íntimas del homoerotismo y que una pésima estrategia política, el conservadurismo católico pero también la división del movimiento LGBTTTI, así como la falta de dirección política, hicieron fracasar. La aversión en contra de Peña Nieto por parte de muchos líderes LGBTTTI les hizo desconfiar o dudar. Y la oportunidad se perdió, aunque otros sí la aprovecharon.

Hay que decirlo de manera que no se olvide: se impuso la agenda del clero mexicano dentro de la Cámara de Diputados y el Partido Revolucionario Institucional (el partido del presidente) se plegó a ella configurando una singular expresión de homofobia simulada, diluida en el barullo de la demagogia de la que el PRI es experto. Una ironía, sin duda, porque la iniciativa fue presentada por Peña Nieto precisamente para conmemorar el Día Nacional de la lucha contra la Homofobia.

Berlant y Warner -que publicaron en 1998 el ensayo aquí citado- alertan que la vida privada es la que ha sustentado la acumulación de derechos y logros. Sin embargo a los colectivos LGBTTTI les cuesta comprender el papel determinante que tiene lo privado en la configuración de factores vinculados a la seguridad, salud y sustentabilidad de las expresiones amorosas y sexuales propias. Es evidente pero se obvia: el espacio común constituye una extensión del espacio privado.

Dicho de otra manera: mientras la homosexualidad se define en la alcoba, las identidades de género se delimitan en la esfera pública e incluso en redes sociales. Reconocer esta diferencia resulta indispensable en cualquier configuración discursiva, porque no todas los integrantes de los colectivos LGBTTTI apuestan a encontrarse con sus metas individuales en el espacio público.

¿Qué tanto la prioridad de una expresión sexual disidente debe centrarse en la apropiación del espacio privado? Esa es la pregunta que en el Día contra la Homofobia debe plantearse, ya que las divisiones de los colectivos y comunidades, de sus líderes e ideólogos, pero sobre todo la incapacidad de escuchar, impide apreciar la fuerza que conlleva apropiarse, bajo el cobijo del Estado de Derecho, del espacio más difícil de ganar: la intimidad.

Referencias

@LuisManuelArell

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