La exposición al plomo representa para la población uno de los principales riesgos ambientales y prevenible para la salud, especialmente para infancias, mujeres embarazadas y poblaciones expuestas por razones ocupacionales, ambientales y situadas en contexto de vulnerabilidad, como indígenas rurales y con desnutrición.
Evidencia científica ha demostrado que no hay nivel seguro de exposición al plomo e, incluso, bajas concentraciones pueden ocasionar efectos adversos en el desarrollo neurológico, cognitivo, conductual y en la salud a lo largo del curso de vida.
En México, desde la segunda mitad de la década de 1980, se constituyó la primera gran intervención nacional para el control de la exposición al plomo, desde entonces se han logrado avances importantes en reducir algunas fuentes históricas de exposición, no obstante, subsisten riesgos asociados, como el uso de loza vidriada con plomo. La evidencia nacional muestra que la exposición al plomo constituye actualmente uno de los principales factores de riesgo ambiental para la salud de la población mexicana.
En 2021 fue responsable de, aproximadamente, 21 mil muertes, representando 20.6% de defunciones atribuibles a los principales factores de riesgo ambiental y ocupando el segundo lugar en carga de enfermedad después de la contaminación del aire por partículas finas (PM2.5) (Téllez-Rojo, 2023).
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut Continua 2022-23), realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), identificó que cerca de 17.4% de niñas y niños de 1 a 4 años presentan concentraciones de plomo en sangre y pierden, en promedio, 4.14 puntos de coeficiente intelectual, mientras que aquellas con concentraciones de plomo en sangre igual o superior a 5 µg/dL (microgramos por decilitro), pierden, en promedio, 6.42 puntos; parámetros que representa un riesgo para el neurodesarrollo, el aprendizaje y el bienestar durante sus vidas.
Ante la evidencia que documenta la intoxicación generalizada por plomo en la población infantil mexicana, la Secretaría de Salud, en congruencia al Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 del gobierno de México y, compromisos a nivel nacional e internacional en materia de salud ambiental, protección de la infancia y desarrollo sostenible, impulsa la Estrategia Nacional para la Prevención y Control de la Exposición al Plomo en México, como un instrumento interinstitucional de coordinación orientado a fortalecer las acciones de prevención, atención y regulación para reducir la exposición al plomo, fortalecimiento de capacidades, la vigilancia epidemiológica y la comunicación de riesgos.
En este propósito, el Consejo de Salubridad General funge como instancia de coordinación estratégica y articulación interinstitucional para el seguimiento de la estrategia, edificada con la participación del sector salud, academia, organismos internacionales e instancias gubernamentales integradas en el Grupo Técnico para el Control de la Exposición al Plomo en México, que representa el compromiso del Estado mexicano para avanzar hacia entornos más seguros, saludables y equitativos para la protección de la población frente a los efectos del plomo, y constituye prioridad de salud pública para el fortalecimiento de la salud ambiental, la protección del neurodesarrollo infantil y la construcción de entornos más saludables y seguros para las presentes y futuras generaciones.
