Los héroes del momento

Describiré un suceso vivido hace un par de días, ofrezco todo el respeto que me merecen los involucrados. En medio de un partido cualquiera, me tocó ver a una familia, mamá y dos pequeños de entre 8 y 12 años, que en sus manos tenían unas cajas de dulces, y en su ...

Describiré un suceso vivido hace un par de días, ofrezco todo el respeto que me merecen los involucrados.

En medio de un partido cualquiera, me tocó ver a una familia, mamá y dos pequeños de entre 8 y 12 años, que en sus manos tenían unas cajas de dulces, y en su rostro, desconcierto, temor, ansiedad, una mezcla de emociones que se reflejaban a simple vista, y estaban ahí juntos por una razón, el cáncer del patricarca de la familia. A unos minutos de haberlos visto, empezó el medio tiempo, el animador anunciaba la valentía y coraje de esta madre de familia y sus hijos al estar luchando contra la enfermedad del padre, quien por razones de salud no los acompañaba. La señora, en medio de la ovación, dejaba entrever a la distancia su incomodidad y rechazo a la situación, pero, definitivamente, en una situación de urgencia uno es capaz de cualquier cosa. Los niños, como desorientados, miraban alrededor del lugar entre gritos, aplausos y ruido. El animador/presentador ofreció un peso de ayuda por cada compra de algo y después de unos elogios cerró su presentación con un “felicidades”. Para mí fue una falta de respeto y de tacto para esta mujer y sus hijos, la gente aplaudía eufóricamente y en unos segundos ellos fueron sacados de la cancha porque el juego seguía su curso. La familia pasó por todo el gimnasio con sus cajitas de dulces, teniendo poco éxito entre los asistentes, quienes ya estaban metidos en el partido. A esos niños junto a su madre se les veía que, más que dinero, lo que necesitaban era empatía, abrazos y comprensión. A mí se me hizo un nudo en la garganta de ver cómo este recurso ya tan manoseado, el de intentar ayudar a una familia de esta forma, nos expone como una raza insensible, alejada de nuestra realidad y nuestras necesidades primarias, como la empatía con el prójimo.

Éste es el mundo de ahora, donde a los enfermos se les trata como héroes y heroínas emergentes, esos que a su paso y con todo y el peso de su enfermedad les añadimos también el de la luz pública.

Hoy ya no son los artistas de moda los favoritos y favoritas de los publicistas, son aquellos quienes están en medio de la “batalla”, niños, adultos mayores, madres, padres, jóvenes, quien sea que tenga cáncer o alguna enfermedad de esas que nos están matando como especie. Y por si fuera poco, si la persona fallece, se dice que perdió la batalla, como si ese “guerrero” tuviera por parte de nosotros las herramientas para enfrentarla o, incluso, se le llama “batalla” a algo que les aseguro no tendría nada que ver con esa palabra.

Ajenos a lo que nos atañe, nuestro compromiso con el prójimo y con nosotros mismos es exigir salud pública y educación, entendimiento y respeto, porque cada persona que está de paso por este planeta merece respeto, salud, empatía, amor y calidad de vida. Nadie sale victorioso de ninguna cuestión importante de la vida luchando en soledad ni con ovaciones pasajeras ni con reconocimientos efímeros masivos. Los enfermos son el resultado de nuestra manera tóxica de vivir la vida y de permitir que ésta se viva así.

Investigación, equipo médico, acceso a la seguridad social, educación para que en nuestro pueblo se viva mejor.

Nos hacemos unos a otros, en la salud y en la enfermedad.

Gracias a Raúl Solís por inspirar.

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