Vivir más para ser más

La sociedad ha impuesto durante décadas un mandato sobre el cuerpo femenino: juventud, belleza y docilidad

En una sociedad como la mexicana, donde más de 51% de la población somos mujeres, resulta incomprensible que aún existan barreras que limiten nuestra participación plena en la vida pública, política y profesional. Hoy, un hito histórico marca un antes y un después: Claudia Sheinbaum es la primera mujer en ocupar la Presidencia, y México se suma a la lista de países con un gabinete paritario. Un avance crucial, sin duda. Sin embargo, detrás de este progreso, persisten estructuras ancladas en el edadismo —discriminación por edad— y en estereotipos de género que impactan a millones de mujeres, especialmente a partir de los 40 años. La sociedad ha impuesto durante décadas un mandato sobre el cuerpo femenino: juventud, belleza y docilidad. Las mujeres deben lucir jóvenes, pero no infantiles; sensuales, pero no sexuales; profesionales, pero no ambiciosas. Y si osan envejecer con dignidad, sin cirugías ni filtros, se vuelven invisibles o, peor aún, prescindibles. Como si los años significaran una pérdida de valor.

EL EDADISMO COMO OBSTÁCULO

El edadismo es evidente en la vida cotidiana, pero en el ámbito laboral adquiere una dimensión desoladora. De acuerdo con datos del Inegi, las oportunidades de empleo para mujeres mayores de 40 años disminuyen drásticamente. Justo cuando alcanzan su plenitud profesional y emocional, el sistema les cierra las puertas. Peor aún, muchas empresas ni siquiera consideran a mujeres mayores de 45 para puestos de liderazgo.

¿ALGO ESTÁ CAMBIANDO?

La lucha contra el edadismo está cobrando visibilidad. Mujeres como Yalitza Aparicio, quien ha desafiado los cánones de belleza y éxito; Blanca Treviño, referente en tecnología; Shakira, quien a sus 48 años lidera su gira más ambiciosa y exitosa o Demi Moore, nombrada la persona más bella del mundo a sus 62, demuestran que la edad no nos quita poder, sino que lo amplifica.

También periodistas, escritoras, científicas, emprendedoras, médicas, cineastas y académicas que desafían las expectativas de una sociedad que aún se niega a ver su poder. Con su ejemplo, enseñan que la madurez no es el final, sino un nuevo comienzo.

PUNTO DE PARTIDA

La presidencia de Sheinbaum y su gabinete paritario no son un punto de llegada, sino una plataforma para replantear el valor de la experiencia y el conocimiento. No basta con ocupar cargos: es necesario transformar las reglas que históricamente nos han limitado.

Necesitamos una cultura que deje de preguntar “¿cuántos años tienes?” como una amenaza solapada. Porque si vivir más nos ha enseñado algo, es que también podemos ser más: más libres, más sabias, más capaces. Y, sobre todo, más visibles. Mientras tanto, la lucha sigue, por nosotras, por nuestras hijas y por todas las que vienen.

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