Hay tantas menopausias como mujeres

Mi madre llegó a la menopausia cuando yo era adolescente.

Crystal Mendivil

Crystal Mendivil

Romper el techo de cristal

En ese entonces no lo sabía nombrar así ni ella lo explicaba del todo. Sólo recuerdo silencios más largos, constantes cambios de humor, que yo —desde mi arrogancia juvenil— interpretaba como exageraciones, y parte del cansancio que implica ser mamá —viuda— de tres. Tremendo paquete. Hoy sé que no era distancia: era desconocimiento. El mío, pero también el de una sociedad que no enseña, no nombra y no acompaña la menopausia.

Hay tantas menopausias como mujeres. Y, sin embargo, seguimos tratándola como si fuera una experiencia homogénea, vergonzosa y privada, algo que debe transitarse en silencio. De todas las etapas que vivimos las mujeres, es la única que, siendo universal, permanece invisibilizada. No se aprende en la escuela, no se conversa en familia, no se atiende con seriedad en los sistemas de salud ni en los espacios laborales. Independientemente de las decisiones de cada mujer —si deseó o no tener hijos, si pudo ser madre o no— hay una certeza biológica: llegará un momento en el que el cuerpo no permitirá la maternidad y la menopausia tocará la puerta. A todas. Madres y no madres. Y, aun así, seguimos sin prepararnos para ella.

Desde que me convertí en mamá empecé a cuestionarme muchas certezas, y también muchos miedos. Pienso, por ejemplo, que Matías probablemente viva su adolescencia con una mamá en la menopausia. Esa idea me confronta, pero también me obliga a cambiar la historia vivida en casa.

Se estima que en nuestro país, poco más de 20 millones de mujeres transitan alguna de las tres etapas —perimenopausia, menopausia y posmenopausia—, y 87% han presentado al menos uno de los más de 30 síntomas asociados a esta etapa natural. Y para 2030, se estima que 27 millones de mexicanas estarán en una de las fases. Aun así, se habla en susurros, como si nombrarla fuera una confesión incómoda.

MÁS SORORIDAD Y MENOS JUICIOS

Ese silencio tiene consecuencias concretas en la vida cotidiana, en la salud y en el trabajo. De acuerdo con datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), 67% de las mujeres mexicanas reporta que los síntomas físicos y emocionales de la menopausia afectan su desempeño laboral. Bochornos, cansancio extremo, niebla mental, dolor articular, irritabilidad y cambios de ánimo no sólo impactan la calidad de vida: también profundizan la desigualdad económica.

La brecha salarial en mujeres de entre 40 y 60 años alcanza hasta 30%, una diferencia que no se explica por falta de experiencia o formación, sino por factores como el estigma, la discriminación por edad y la falta de atención médica adecuada. Mientras cerca de 70% de las mujeres de 40 a 44 años permanece activa laboralmente, esa proporción cae a menos de 50% entre los 50 y 60 años. Envejecer, para muchas mujeres, se convierte en una forma silenciosa de expulsión del mercado laboral. A esto se suma otro dato preocupante: menos de 30% de las mujeres de entre 40 y 44 años tiene acceso a servicios de salud, y esa cifra disminuye a menos de 10% después de los 56 años. Justo cuando el cuerpo exige mayor cuidado, el sistema se retira.

La menopausia no es sólo un asunto médico. Es una cuestión de derechos humanos, justicia de género y política pública. Atenderla no es un gasto: es una inversión estratégica para sostener el talento femenino, reducir desigualdades y garantizar una vejez digna.

Pienso en mi madre. Pienso en mí. Me atemoriza imaginar que pronto me tocará ser la mamá “menopáusica” de un hijo adolescente. Pero no repetiré la historia. Me prepararé. Porque no quiero reproducir silencios. Confío en que habrá comunicación, información y redes. Confío en que no tendré que atravesar tantos cambios sola.