El techo de cristal sigue blindado

Las empresas que no lo entienden, se están quedando atrás y no por falta de mujeres capacitadas, sino por su propia ceguera institucional.

En un país donde las mujeres representamos  43% de la fuerza laboral, que 23% alcance una dirección jurídica, 11% una dirección financiera y sólo 3% llegue a direcciones generales debería llamarnos la atención y alertarnos. Este dato, proporcionado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) no sólo refleja una brecha, evidencia una estructura empresarial que perpetúa la exclusión.

Aunque se han dado avances a nivel global, México se ha quedado atrás. La paridad en los consejos de administración y en puestos clave sigue siendo una promesa. La participación femenina en consejos ronda apenas 13% y casi una cuarta parte de las empresas mexicanas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores y la Bolsa Institucional de Valores, tienen consejos de administración exclusivamente masculinos. Es decir, se siguen tomando decisiones sin una sola mujer en la mesa.

El problema no es la falta de talento, tampoco se trata de falta de preparación o de voluntad. Las cifras están ahí: en direcciones financieras y jurídicas, la presencia femenina ha caído en las más recientes mediciones.

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¿QUÉ ESTÁ HACIENDO EL SECTOR PRIVADO AL RESPECTO?

Casi la mitad de las empresas (47%) comete al menos un error en sus reportes, como repetir nombres de consejeros o no especificar si son hombres o mujeres, ni su rol dentro de los consejos. Esto podría deberse a la falta de supervisión o revisión de la información que se publica. Lo preocupante es que, aunque estas empresas están obligadas por ley —según la Circular Única de Emisoras de la CNBV— a informar el sexo de sus consejeros y directivos clave, muchas no lo hacen correctamente.

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LISTAS PARA LIDERAR

Una gran cantidad de mujeres ya están al frente de empresas importantes. Danone México, AT&T México, L’Oréal México, 3M México y Oracle México, por mencionar algunas, son dirigidas por mujeres. Pero no únicamente en las cúpulas empresariales tradicionales está presente el talento femenino, también fundando negocios propios, sostenibles, innovando en sectores subrepresentados; en casi la mitad de dichas compañías, los productos o servicios tienen un enfoque ambiental.

Esto no es casualidad. La participación de la mujer es un asunto sustancial y estudios internacionales lo respaldan: equipos diversos en género son más rentables, más resilientes y más adaptables. Entonces, ¿por qué seguimos frenando el acceso de las mujeres al poder empresarial? ¿Por qué insistimos en ver el liderazgo femenino como una concesión y no como una ventaja competitiva?

No se trata de una moda ni una cuota por cubrir. Es cuestión de justicia y también una estrategia competitiva. Se trata de una necesidad urgente en un mundo en transformación. Las empresas que no lo entienden, se están quedando atrás y no por falta de mujeres capacitadas, sino por su propia ceguera institucional.

Promover políticas de inclusión no es suficiente. Es tiempo de hablar de resultados. Es momento de exigir transparencia, medición de avances y compromisos reales. Porque mientras las cifras no cambien, el techo de cristal no sólo sigue ahí: está blindado y cubierto con concreto.

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