Por Fadlala Akabani
En entrevista para Fox News, Marco Rubio, aún en su calidad de senador por el estado de Florida, reconoció desde 2023 que, en un horizonte de cinco años, las sanciones económicas —el arma favorita de extorsión política de Washington— no tendrán mayor efecto; debido a que tanto potencias como países emergentes están comenzando a realizar acuerdos de intercambio comercial con sus propias divisas, creando una economía secundaria en el mundo con total independencia del dólar estadunidense.
Ésta y otras señales, como la devaluación del dólar, dan cuenta de que el mundo no podrá tolerar indefinidamente las acciones intempestivas y unilaterales del inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, en su afán de mantener a flote la hegemonía de EU mediante guerra económica y la siempre latente amenaza de agresión militar. Empero, tiempos convulsos son también de nuevas oportunidades.
En este sentido, países emergentes como México tienen ante sí la oportunidad de crear escenarios favorables, proyectando un ambiente de seguridad y seriedad como destino de inversión, ante una circunstancia global incierta dada la reconfiguración de prioridades económicas, ajustes comerciales y discusión de cambios regulatorios en diversos países.
Bajo el actual contexto, es necesario comprender que los factores tradicionales para atracción de inversiones, como costos de mano de obra y proximidad geográfica con mercados de mayor poder adquisitivo, deberán venir acompañados de previsibilidad de futuros mediante el establecimiento de reglas claras para la asignación de permisos y prerrogativas (concesiones de agua, generación de energía eléctrica y derecho de vía) que comporta el desarrollo de infraestructura. Es también necesario considerar un robustecimiento a la capacidad y colaboración institucional para la resolución de controversias con base en la transparencia de un marco jurídico sólido.
Si bien es cierto que en 2025 México alcanzó un nuevo récord de inversión extranjera directa (IED) al registrar 34 mil 265 millones de dólares, con un crecimiento porcentual de 10.2% respecto a 2024; debemos reconocer que oportunidades como el nearshoring, la transición energética y la consolidación de México como parte de la cadena logística de la ruta comercial con mayor demanda en el mundo (sudeste asiático-Norteamérica-Europa) han caído en un estado de impasse.
Para recuperar la viabilidad de dichas oportunidades de crecimiento industrial y comercial, resultará fundamental incluir a los gobiernos locales que, con conocimiento profundo de las regiones, acompañen el fortalecimiento de mecanismos de ordenamiento territorial. Con la coordinación adecuada, los gobiernos estatales y municipales serían actores clave en la gestión de responsabilidad social y ambiental de las empresas inversoras; aspectos imprescindibles para el involucramiento y la percepción positiva de las comunidades, a partir de esquemas que privilegien la conciliación temprana, la participación informada y la creación de beneficios sociales y colectivos tangibles en territorio, más allá de la oportunidad de empleo.
*Ciertamente, el Estado mexicano no puede controlar factores externos como la convulsión política y su consecuente volatilidad económica; pero sí está entre sus posibilidades tomar ventaja de la desconfianza que emana Estados Unidos y convertirla en una coyuntura favorable para dar continuidad a los proyectos estratégicos en base a lo que sí podemos controlar y ofrecer: seriedad institucional y certidumbre jurídica.
