Tu versión 13.0
Crecer es escoger tus batallas, entender las pequeñas guerritas que pierdes.

Columnista Invitado Nacional
Imagen de la Mujer
Por Laura Coronado Contreras*
Para Fernanda
Nada es más chocante como que tu mamá te diga “mi niña” enfrente de tus amigas. Es casi tan irreal como cuando un mesero te ofrece el menú infantil o cuando no puedes ver la película que te interesa por la clasificación. Cumplir con horarios, repetir que ya eres grande y también extrañar ser “la novedad” en las reuniones familiares porque ya “no haces tantas monerías”. Ser nativo digital o Gen Z no es nada fácil. Es tener acceso a muchísima información, pero, al mismo tiempo, escuchar que “antes todo era mejor”. Es tratar de entender que aún no estás lista para miles de cosas y que se te exijan otras porque ya no eres chiquita.
Un coctel de sentimientos que son “por la edad” o, peor aún, “que así se ponen las mujeres”, como si los hombres no atravesaran la adolescencia o fueran sensatos y reflexivos. Sin dudarlo, subir este nivel en el juego es un reto para expertos. Por eso, crecer (madurar) es para valientes. Significa, como señala la Biblia, no sólo hacerlo en estatura, sino “en sabiduría y gracia”. Es manifestar con gratitud y empatía que no es que seas de una generación frágil o, con demasiadas comodidades, sino que ahora, no se tiene que guardar todo lo que pensamos o queremos.
Claro que no siempre es sencillo. Implica una enorme aventura con retos como el uso de la IA para crear violencia digital disfrazada de una broma, el ciberacoso encubierto en mensajes directos o los altos estándares de belleza de los posts. Sin embargo, también conlleva la alegría de montar una coreografía de TikTok, aunque no la subas, reírse hasta que salen las lágrimas, saber usar mejor la tecnología que los adultos o tus hermanas, armar tus propios outfits o decir a coro “sí soy”.
Cumplir 13 años es un aha moment, es decir, un instante en donde las piezas del rompecabezas empiezan a tener sentido. Por fin, puedes ser más libre, conocerte mejor a ti misma, darte cuenta de quién eres y qué quieres llegar a ser, valorar la amistad y saber que ahora tendrás más control sobre tus decisiones. Aprender a equivocarse, pedir perdón y entender que ser más independiente, también supone que papá y mamá no resolverán todo, aunque estén ahí.
También, esta nueva etapa te permite razonar más lo que sucede a tu alrededor, incluyendo que ahora notarás más los errores de los adultos, los cuestionarás y, en gran medida, será más crítica tu mirada, pero no por ello debe ser dura. Tus papás ya no seremos superhéroes, sino ese señor “un poco buena ondita” y una señora que no entiende que no entiende. Crecer es escoger tus batallas, entender las pequeñas guerritas que pierdes y seguir depositando la fe en que están para acompañarte y no para molestar.
Madurar es tener empatía y darse cuenta que a nadie le gustan las caras largas, las impaciencias, los azotones de puertas o los “ojos de huevo”. Es conversar, pero también escuchar.
Este año, un poco más de un millón de niñas mexicanas cumplirán 13 años. Son personas que nacieron con el boom global de redes y ahora entran a la adolescencia con la explosión de IA. Una generación a la que se le pide que no dependa tanto de lo tech, a la que no se le ha creado un entorno digital sano pero, que se le ha prestado el dispositivo como niñera digital a la menor provocación. Y, por ello, no se trata de que los adultos olvidemos cómo éramos o que idealicemos con nostalgia lo fácil que le hacíamos la vida a los abuelos. Sus realidades y las nuestras son muy diferentes y necesitamos su resiliencia para que entiendan que su manual de instrucciones está en un video muy rápido que tenemos que regresar y volver a ver una y otra vez.
Todo lo que quieres aprender o descubrir está a un sueño de distancia o, si quieres, en palabras de Taylor Swift en The Fate of Ophelia, “ahora puedo verlo todo” y bailar frente al espejo todo el tiempo que puedas.
*Catedrática de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.
X: @soylaucoronado