Una política exterior activa y efectiva

México cuenta con extraordinarias capacidades y potenciales.

Por Sergio M. Alcocer*

El mundo atraviesa por un proceso de redefinición relacionado con los efectos de la globalización y, ahora, regionalización, así como con la redistribución del poder internacional en la esfera política, económica y social. México, como país de múltiples pertenencias, tiene ante sí grandes retos, pero también grandes oportunidades para posicionarse como líder en temas globales, como buen socio comercial y como potencia cultural.

México cuenta con extraordinarias capacidades y potenciales; sin embargo, los desafíos provenientes del ámbito nacional e internacional pueden afectar la estabilidad de nuestra nación e incidir en la consecución de sus objetivos. Posicionar a México frente al mundo y fortalecer la relación con Estados Unidos en congruencia con las metas que se persiguen al interior es un asunto estratégico.

Si bien México es parte de América del Norte en lo geográfico y comercial, cuenta con diversas pertenencias: está integrado a América Latina y comparte fronteras con Centroamérica y con el Caribe; además, se ubica entre dos océanos: el Atlántico y el Pacífico. Tiene, también, una larga y estrecha relación de amistad e intercambio con Europa y un gran potencial para afianzar relaciones con África y Oriente Medio. El reto es transformar esas pertenencias en oportunidades para consolidar al país como una plataforma logística global.

Sin embargo, reaccionar a los temas de interés de otros países impide la defensa efectiva de los intereses del país; la violencia derivada de las actividades de las organizaciones delictivas transnacionales, así como el alcance que éstas tienen en el territorio y más allá de éste, dificultan el posicionamiento de México. Adicionalmente, en temas comerciales y frente a la relocalización de cadenas productivas (nearshoring), México tiene la ineludible oportunidad de diversificar su base exportadora e incrementar su competitividad con los consecuentes beneficios para el desarrollo de la población, siempre que se instrumente, de modo urgente, una estrategia clara y focalizada para el efecto.

Así, la política exterior nos lleva nuevamente a revisar la relevancia de la relación de México con el mundo. Con Estados Unidos, por ejemplo, pues, en todas nuestras interacciones, aparece la sombra de los temas en los que el gobierno federal de Estados Unidos y sus agencias de seguridad se sienten cómodas: la seguridad, la frontera, la migración, el lavado de dinero y el tráfico de drogas y armas. Si se acepta el postulado de que esta relación bilateral tiene el propósito de impulsar una agenda dirigida a alcanzar una mayor prosperidad compartida, entendiendo que, por definición, se trata de una relación de interdependencia y corresponsabilidad en los temas comunes, entonces ha de dinamizarse el desarrollo de infraestructura y ciudades del conocimiento en la frontera, la cooperación educativa, cultural, técnica-científica, así como promover más intercambios académicos y culturales, a fin de contribuir e incrementar la competitividad, mejorar las opciones de empleo y contribuir al desarrollo y prosperidad de la población.

Además, como signatarios del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los tres países enfrentan conjuntamente el reto de convertirse en la región más competitiva y dinámica del mundo. Sólo mediante el diálogo político y la cooperación se consolidará tan ambiciosa meta.

Frente a la coyuntura actual, recordemos que las grandes ideas surgen en colaboración, entre mayor la diversidad y campos de cooperación, mayor el alcance de las soluciones a corto, mediano y largo plazos. Lo que urge es tomar decisiones que hagan a la política exterior, además de activa, también efectiva.

Investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM*

Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)

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