La soberanía no se negocia

Por Raúl Morón Orozco*

Durante los últimos meses un fantasma ha venido deambulando por los pasillos de la patria; es el fantasma de la traición, del intervencionismo extranjero y de la amenaza a la soberanía nacional. Hoy nos encontramos en otro capítulo crucial de nuestra historia, un momento que nos exige mirar al pasado para entender nuestro presente, sobre todo, levantar la mirada al futuro para defender lo más sagrado que tiene una nación: su soberanía. 

La soberanía no es un concepto abstracto ni un discurso político, es el derecho inalienable de nuestro pueblo a decidir su propio destino, a administrar sus recursos, a dictar sus leyes, a impartir su propia justicia y a construir una sociedad nacionalista, sin pedir permiso a ninguna potencia extranjera ni doblar la rodilla ante intereses fácticos.

Esa soberanía, sin embargo, en el caso de nuestro país, se encuentra bajo el acecho de una nueva embestida de la derecha. No vienen con bayonetas ni cañones, pero sus armas son igual de peligrosas: el intervencionismo político, el chantaje económico, las campañas de desinformación y el uso faccioso de la seguridad y la justicia. Miremos el panorama global: presenciamos el resurgimiento de liderazgos que confunden la diplomacia con el sometimiento. Escuchamos las amenazas estridentes provenientes de Donald Trump en el norte. Y desde Madrid, personajes como Isabel Díaz Ayuso pretenden darnos lecciones de civismo e institucionalidad, promoviendo un discurso neocolonialista. Y desde el sur de nuestro continente, Javier Milei encarna el extremismo de un modelo que busca desmantelar al Estado, precarizar la vida y subordinar el bienestar público a los mercados financieros.

¿Qué tienen en común Trump, Ayuso y Milei? Los une el mismo cordón umbilical: el desprecio por los proyectos populares que surgen desde la izquierda y que hoy impulsa en México la Cuarta Transformación. Pero el intervencionismo extranjero siempre busca un eco al interior, un caballo de Troya dispuesto a abrir las puertas de la patria. Y hoy, esa derecha nacional, representada por personajes como Maru Campos y las cúpulas del PRIAN, actúa como el vasallo entreguista de esos intereses globales. Cuando desde los gobiernos locales del conservadurismo se sabotean las políticas de bienestar, cuando se alinean con las narrativas que pintan a nuestro país como un Estado fallido o cuando corren a Washington o a Madrid para quejarse de su propio gobierno, no están haciendo oposición política: están traicionando el principio fundamental de la autodeterminación y de la defensa de la soberanía.

Ésa es la derecha internacional, la que utiliza las banderas de la seguridad y la justicia no para pacificar al país ni para combatir al narcotráfico, sino como herramientas de desgaste de nuestro sistema político y de expansionismo imperialista. Nos presionan económicamente utilizando los tratados comerciales como el T-MEC; recurren al lawfare o la judicialización de la política para imprimir presión desde los tribunales internacionales y los organismos multilaterales contra nuestro marco jurídico y nuestras políticas públicas, buscando frenar cualquier tipo de acuerdo global, político o comercial con otras regiones del mundo, interfiriendo en nuestra política internacional.

Ante este escenario, la respuesta de México debe ser una sola: dignidad, unidad, defensa de la patria y firmeza histórica, porque la soberanía no se negocia. A la derecha internacional y a sus operadores nacionales les decimos: México ya no es tierra de conquista. La época del Destino Manifiesto y de las intervenciones toleradas se terminó. Exigimos respeto mutuo, cooperación para el desarrollo y diálogo entre iguales. La seguridad de nuestra nación la resolvemos los mexicanos, la justicia de nuestro país la dictan nuestras leyes y la economía de nuestra patria debe servir primero a los que menos tienen.

Desde aquí hacemos un llamado a la unidad nacional y a la defensa de la soberanía, de la mano de nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum. Por encima de nuestras diferencias políticas está la defensa de la patria. No permitamos que el miedo o la propaganda conservadora nos dividan. Mantengamos la frente en alto y el paso firme. Que sea el curso de la historia el que nos juzgue.

*Senador de la República

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