Lo que viene después

Columnista Invitado Nacional

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Luis Wertman Zaslav* 

Las elecciones suelen analizarse desde la óptica de quién ganó, quién perdió, qué partido avanzó y qué ideología logró más votos. Sin embargo, quienes hemos dedicado años a estudiar el comportamiento humano, la participación ciudadana, la seguridad, la confianza y la construcción institucional sabemos que existe una pregunta mucho más importante: 

¿Qué está tratando de decir la sociedad cuando vota? Esa pregunta trasciende nombres, partidos y fronteras. Las elecciones son una especie de radiografía social. No muestran sólo preferencias políticas; también revelan preocupaciones, expectativas, esperanzas, frustraciones y aspiraciones. Por eso, cuando observamos procesos electorales en cualquier país, la pregunta central no debería ser quién tiene la razón o quién la culpa. La pregunta correcta es: ¿qué necesidades están buscando ser atendidas? A lo largo de la historia, las sociedades suelen valorar cinco grandes elementos: seguridad, oportunidades económicas, justicia, servicios eficientes y confianza en las instituciones.

Cuando las personas sienten que estos elementos están presentes, tienden a apostar por la continuidad y la estabilidad. Cuando perciben incertidumbre, desorden, inseguridad o falta de resultados, suelen buscar alternativas distintas.

La ciudadanía observa, compara, evalúa y, finalmente, toma decisiones. Lo verdaderamente interesante es que estamos viviendo algo más profundo que un simple ciclo electoral. Estamos presenciando un cambio de época. Durante décadas, muchas decisiones públicas se construían principalmente desde las instituciones, los medios tradicionales y los partidos políticos. Hoy, el entorno es completamente diferente.

Las redes sociales permiten que cualquier ciudadano exprese sus opiniones en tiempo real. La información circula a velocidades nunca antes vistas. La comparación entre gobiernos, ciudades, empresas y modelos de gestión ocurre de manera permanente. Las personas tienen más acceso a datos, pero también están expuestas a más ruido, desinformación y polarización. Por ello, el liderazgo enfrenta un desafío sin precedentes. Ya no basta con comunicar. Hay que generar confianza. Ya no basta con prometer. Hay que demostrar. Ya no basta con convencer. Hay que construir resultados. La confianza se ha convertido en el activo más valioso de cualquier sociedad. Y la confianza no se decreta. No se impone. No se compra. Se construye todos los días mediante la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.

En mi experiencia, las sociedades más exitosas no son necesariamente las más ricas ni las más grandes. Son aquellas donde existe un mayor nivel de confianza entre ciudadanos, instituciones, empresas, autoridades, organizaciones sociales y comunidades. Cuando existe confianza, las inversiones llegan, la innovación florece, la participación ciudadana aumenta, la seguridad mejora, las diferencias pueden resolverse mediante el diálogo y la cooperación.

Por eso, independientemente de los resultados electorales, el verdadero reto comienza al día siguiente. Gobernar no consiste únicamente en ganar elecciones. Consiste en generar acuerdos, escuchar, construir puentes, convertir expectativas en resultados. Y también implica algo fundamental: reconocer que ninguna persona, institución o sector puede resolver por sí solo los grandes desafíos contemporáneos.

La seguridad, la educación, la salud, el desarrollo económico y la construcción de confianza requieren corresponsabilidad. Siempre he sostenido que debemos pasar de la protesta a la propuesta, y de la propuesta a la acción cuando sea necesario. Porque las sociedades avanzan cuando millones de personas deciden involucrarse de manera positiva, participan, cuando los empresarios invierten, las organizaciones colaboran, las autoridades escuchan, las comunidades se fortalecen. Las elecciones terminan. Los desafíos permanecen. Y precisamente ahí es donde aparece la oportunidad más importante de construir confianza, de fortalecer instituciones, de generar soluciones, de demostrar que sí es posible avanzar cuando el objetivo común es más importante que las diferencias. Porque, al final, más allá de ideologías, campañas o procesos electorales, las personas buscan exactamente lo mismo: Vivir en paz. Tener oportunidades. Sentirse seguras. Confiar en el futuro. Y dejar a las siguientes generaciones una sociedad mejor de la que recibieron.

Ése sigue siendo el verdadero desafío de nuestro tiempo. Y también la mayor oportunidad. Hacer el bien, haciéndolo bien.

*Analista

X: @LuisWertman