Primavera
• La primavera parece reflejar la necesidad humana de crear• Esta temporada ha sido testigo de diversas revueltas en el mundo árabe
Por Luis Maldonado Venegas*
Todos los años miles de turistas acuden a un antiguo edificio del siglo XVI, en Florencia, Italia. Está cerca del Ponte Vecchio (Puente Viejo), bajo cuyos arcos fluye mansamente el río Arno.
¿Qué es lo que atrae tanto a los turistas? Solamente el arte. El viejo edificio aloja a Le Gallerie degli Uffizi (Galería de las Oficinas), un museo de fama internacional con una importante colección de pinturas renacentistas y flamencas.
Los expertos aseguran que la obra más famosa en esa colección es del pintor florentino Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, apodado Sandro Botticelli (1 de marzo de 1445-17 de mayo de 1510), titulada La Primavera (1482).
En el cuadro varios personajes aparecen en el legendario Jardín de las Hespérides en el que, según el mito griego, “crecen las manzanas de oro de la inmortalidad”.
Pero más allá de las personas y del querubín alado en la escena, en la maravilla plástica de esta pintura el pincel de Botticelli logró detallar sobre el césped 190 tipos de plantas y flores representativas del campo regional entre los meses de marzo y mayo: el corazón de la primavera florentina.
Botticelli no ha sido el único artista inspirado en y por la primavera. La generosa y estimulante estación ha capturado la atención de la humanidad durante siglos.
Nosotros, los mexicanos, la disfrutamos desde la noche del 20 de marzo hasta el 21 de junio, cuando inicia el solsticio de verano.
En ella está omnipresente la naturaleza y nada escapa a sus maravillosos efluvios: el amor, las bellas artes, el clima, la fertilidad, los estados de ánimo e incluso algunos movimientos sociales que han sido identificados con este sustantivo.
Por ejemplo, la Primavera de Praga, movimiento reformista impulsado en Checoslovaquia por Alexander Dubcek en enero de 1968, y la llamada Primavera Árabe, manifestaciones populares habidas en la región árabe desde inicios del 2011 y que condujeron a la caída de las dictaduras de Ben Ali, en Túnez, y Hosni Mubarak. en Egipto. Digamos además que la primavera parece reflejar la necesidad humana de crear para sí representaciones míticas. Por eso se explica que la humanidad haya llegado a mitificar la salida y la puesta del sol, los fenómenos atmosféricos, el crecimiento de las plantas, el nacimiento y la muerte.
De ahí que también se considere a la primavera la estación del renacimiento y la renovación, cambio esperanzador, juventud. Inclusive flor de la vida que se manifiesta en plantas y flores, en todas las criaturas del reino animal; y además parece prolongarse porque en esta estación el sol es más luminoso y más largos los días.
Mi respetada paisana, Valentina Martínez Valdés, egresada de la Universidad Veracruzana, lo ha dicho con precisión: “La llegada de la primavera es símbolo de nuevos comienzos. No sólo llegan colores, sino que también nuevos retoños, sonidos y olores. Las temperaturas comienzan a subir poco a poco. Todo comienza a despertar. Esta época del año está llena de transformaciones que nos invitan a conocer más del acto de la vida, de sus protagonistas y de sus procesos”.
La primavera también ha sido fuente pródiga de inspiración para poetas y escritores en general. Recordemos este abrileño día al sevillano Antonio Machado con unas líneas de La primavera besaba:
La primavera besaba/ suavemente la arboleda/ y el verde nuevo brotaba/ como una verde humareda./ Las nubes iban pasando/ sobre el campo juvenil…/ Yo vi en las hojas temblando/ las frescas lluvias de abril.
