Paquete contra la Inflación y la Carestía
• El acompañamiento del sector productivo y de toda la sociedad mexicana es imprescindible para hacer de esta política pública.
Para nadie es un secreto que la dimensión del conflicto entre Rusia y Ucrania trasciende la escala regional del Este de Europa y adquiere una proporción potencialmente global. Así lo confirma el movimiento y reacomodo geopolítico en curso; eventos que parecían poco probables hasta antes del conflicto, como la reanudación de las relaciones entre Washington y Caracas o la cada vez más apremiante pérdida de neutralidad histórica de Suecia y Finlandia que buscan tomar partido por uno de los dos bloques, el de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Toda esta incertidumbre política se traduce en condiciones atípicas que alteran el curso de los mercados mundiales, especialmente en los sectores energético y alimentario, cuyas alzas representan amenazas aún más fuertes a la estabilidad económica y, por lo tanto, política y social de cualquier país. De acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la fluctuación en los precios de la energía, disparada en 2022, alcanzó en marzo su registro más alto desde 1980 con un promedio de 33.7% de inflación entre los 38 países miembros; hay casos extremos como Holanda y España donde la inflación de los precios de la energía alcanzó en el último año el 99.7% y 60.9%, respectivamente.
Una referencia más cercana, Estados Unidos donde la inflación de la energía en el último año llegó al 32%; hecho que provocó cruces de estadunidenses a territorio mexicano para llenar sus tanques de gasolina en marzo de este año. Estos datos parecen sugerir que la tan absurdamente criticada política energética de la 4T, basada en el fortalecimiento de Pemex y CFE para alcanzar la soberanía energética resultó acertada, pues, México tuvo entre los 38 miembros de la OCDE la tasa de fluctuación más baja (5.3%) en el precio de los energéticos durante el último año.
Otro dato por demás significativo es el de una menor inflación interanual en México con respecto a la de Estados Unidos, que al cierre de marzo de 2022 puntuaron 7.45% y 8.5%, respectivamente. Cabe tener en cuenta que al ser el principal socio comercial de Estados Unidos, nuestra economía está íntimamente ligada a la suya, sin embargo, México ha logrado mantener niveles significativamente más bajos de inflación energética que han repercutido en un mejor control de la inflación general en comparación con nuestro vecino del norte.
La escalada en el precio de la energía es un factor decisivo en la inflación y esta parece ahora una razón válida por la que Andrés Manuel López Obrador ha buscado con tanto ahínco revertir los efectos de la contrarreforma energética neoliberal (2013). Por lo pronto, el gobierno de México ha comenzado a recibir los frutos de su política energética, así lo muestra el reporte de la petrolera a la Bolsa Mexicana de Valores, según el cual Pemex ha tenido en 2022 su mejor primer trimestre de la historia con ventas totales por 506 mil 795 millones de pesos y una utilidad neta de 122 mil 493 millones de pesos. Con el fortalecimiento de las empresas energéticas del Estado mexicano, López Obrador tiene asegurado un factor de la inflación, sin embargo aún debe cerrar la pinza respecto a los alimentos.
En este contexto surge el Paquete contra la Inflación y la Carestía (PACIC) iniciativa del gobierno de México que, a través de 16 medidas estratégicas busca mantener la inflación en niveles aceptables, evitando un súbito incremento en el precio de los alimentos, especialmente en aquellos que componen la canasta básica.
Destaca como virtud del programa, el hecho de que su instrumentación (como la de los grandes proyectos de la 4T) no implicará déficit fiscal alguno, pues no está financiado a partir de deuda pública, los recursos serán obtenidos de las ganancias excedentes de Pemex, favorecidas por el alza de precios del crudo, así como por la apreciación del peso mexicano respecto al dólar.
Este acuerdo económico cuenta con el consenso del sector productivo nacional que manifestó su preocupación por la supuesta imposición del control de precios, que sería poco estimulante a la producción en momentos de escasez.
Asimismo, es importante tener en cuenta que el acompañamiento del sector productivo y de toda la sociedad mexicana es imprescindible para hacer de esta política pública un instrumento efectivo en favor del desarrollo nacional, pues es un llamado del Presidente de México a incrementar la producción de granos (principalmente arroz, frijol y maíz), no sólo a los grandes corporativos de la industria alimentaria sino a las y los campesinos mexicanos. Para ello el programa contempla la garantía del abasto a fertilizantes —comprometido a nivel global por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania— y apoyos para productores.
Según la oposición, el pensamiento reaccionario y los medios serviles al corrupto régimen neoliberal, el petróleo (indispensable para la transición energética) es un recurso obsoleto y cuando López Obrador ha hablado sobre necesidad de buscar la soberanía alimentaria lo han tildado de loco e ignorante, incapaz de entender “la aldea global” creada por el neoliberalismo.
Lamento ser yo quien se los tenga que explicar, pero les traigo la actualización noticiosa del nuevo milenio: la globalización como proceso económico hegemónico se ha terminado; la supervivencia de las naciones en el siglo XXI estará asociada al desarrollo regional; empero, el desarrollo económico y social, es decir, el futuro está reservado sólo a aquellas naciones capaces de administrar en soberanía sus recursos energéticos y hacer de ellos el motor de sus economías y sociedades.
*Secretario de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de México.
