La infancia vulnerable tras covid-19
• La crisis del coronavirus no ataca directamente la salud de niñas y niños, pero afecta enormemente su bienestary tendrá consecuencias irreversibles en su desarrollo.
Por Catalina Monreal
¿Cómo habrán de contar lo que han vivido estos meses que han cambiado al mundo quienes nacieron en este contexto?
¿Cómo será el mundo para los millones de niñas y niños cuya infancia ha sido marcado por el coronavirus, por el confinamiento?
¿Cómo será para aquellos pequeños que no gozan de la protección de una familia, simplemente porque no la tienen o porque viven en condiciones ya de por si precarias?
¿Y quienes no podrán volver a la escuela? ¿Cómo lo vivirán niñas y niños, a quienes les toque trabajar para sobrevivir? ¿Y a aquellas a quienes les toque un trabajo violento o ser víctimas de trata?
En tiempos de crisis, como el que estamos viviendo a causa de la pandemia por covid-19, el trabajo infantil se convierte en la única forma de supervivencia para muchas familias.
Como consecuencia de la pérdida de empleos formales y el cierre de las escuelas y guarderías, muchas niñas y niños son orillados a contribuir con labores no sólo del hogar, sino también de producción y servicios, muchas veces en condiciones terriblemente precarias, que ponen en riesgo su integridad física y emocional.
Hace unos días, diferentes oficinas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), tales como Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), advirtieron del enorme reto que será proteger a la infancia de ser empujada al mercado laboral.
En los últimos 20 años se avanzó enormemente a nivel global en este objetivo, y el trabajo infantil se redujo en un porcentaje altísimo, mismo que podría ser revertido en pocos años por el contexto de pobreza que aumentará en muchos países.
La recesión económica siempre golpea más fuerte a los sectores vulnerables y ésta no será la excepción: dentro de los millones de infantes que no podrán tener acceso a educación y cuidados, y a cambio, se verán obligados a trabajar, a quienes peor les va a tocar será a las niñas.
En cuanto a las niñas y niños indígenas y migrantes, son ellos quienes primero pierden la oportunidad de matricularse en una escuela y, muchas veces, sus madres y padres son quienes tienen menos acceso a servicios de salud y alimentos suficientes y nutritivos.
Además, muchos niños y niñas son cuidados en México por personas de la tercera edad, quienes con la crisis de salud han perdido también esta protección.
En México debemos tener en la mira a los miles de niños que al final de esta crisis habrán perdido a su madre, a su padre o a sus abuelos, a quienes les daban el sustento.
La crisis del coronavirus no ataca directamente la salud de niñas y niños, pero afecta enormemente su bienestar y tendrá consecuencias irreversibles en su desarrollo.
No debemos perder de vista la crisis que esta orfandad dejará en la sociedad.
La protección de la infancia, el bienestar y el desarrollo social es obligación del Estado y el acceso a servicios es la única vía para poder mantener a niños y niñas en la escuela, lejos de la explotación, los trabajos forzados y la trata. Es de vital importancia poner atención en atender a este sector de la población, proteger sus derechos, a la salud, a la educación y a una vida libre de violencia.
