Infraestructura o retroceso: la decisión inaplazable para México

El sur de Estados Unidos es nuestro principal competidor

Por Jorge León Orantes

Experto en Fusiones, Adquisiciones y Asesoría Corporativa

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México está en el centro del mapa industrial del mundo. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la regionalización de cadenas productivas y el T-MEC nos han colocado en una posición privilegiada que muchas economías envidiarían. En 2024, nuestras exportaciones hacia Estados Unidos alcanzaron un récord de más de 506 mil millones de dólares. Esta cifra, en sí misma, refleja no sólo la resiliencia de nuestro sector exportador, sino también el potencial de nuestra economía si se le dan las condiciones adecuadas.

Sin embargo, ése es el punto crítico: las condiciones adecuadas aún no están garantizadas.

El fenómeno del nearshoring ha sido, sin duda, benéfico para México, pero aún tiene mucho potencial en beneficio del país. Lo que vemos es que muchas empresas que ya estaban aquí han decidido reinvertir para acercar sus cadenas de suministro al mercado estadunidense. No se trata, todavía, de una ola masiva de nuevos jugadores internacionales que elijan a México como su primer destino. ¿Por qué? Entre otros factores, porque enfrentamos barreras estructurales internas que limitan ese potencial.

La más urgente de todas: la infraestructura.

En particular, la infraestructura eléctrica, que está operando al límite de su capacidad. Con el aumento de temperaturas y la demanda industrial al alza, ya se han encendido las alertas de posibles apagones. Esto es un foco rojo. Si no garantizamos energía suficiente y estable, no habrá plan de atracción de inversiones que sobreviva.

Tampoco podemos ignorar otras carencias: infraestructura hídrica, logística, carretera y telecomunicaciones. Las sequías que paralizaron sectores productivos en regiones clave como Tamaulipas el año pasado, no fueron una anomalía, son parte del nuevo entorno climático. La inversión manufacturera no puede sostenerse sobre un terreno frágil.

Frente a este panorama, la única solución viable es acelerar la participación del sector privado en inversiones en infraestructura en esquemas similares a las asociaciones público-privadas. El Estado no tiene los recursos suficientes para enfrentar por sí solo estos desafíos. La participación de la industria privada en inversiones en infraestructura es esencial en economías en desarrollo y ha sido muy exitosa. La participación del capital privado no es una concesión, es una necesidad estructural para países como el nuestro. Por eso celebro que la presidenta Claudia Sheinbaum haya dado ya señales claras de apertura a estos esquemas, tanto en el nuevo programa energético como en el llamado Plan México. Ese enfoque técnico y científico es un cambio positivo que refleja un enfoque pragmático que busca un desarrollo acelerado en esta materia.

Pero el tiempo corre. Si no actuamos ya, la ventana de oportunidad que hoy se abre con el nearshoring se cerrará tan rápido como llegó. El sur de EU es nuestro principal competidor. Ellos están haciendo la tarea.

También quiero subrayar el rol fundamental de las pequeñas y medianas empresas en este proceso. Son parte esencial de las cadenas de exportación, pero necesitan con urgencia acceso a financiamiento competitivo, apoyo técnico y conectividad. Las cifras son preocupantes: muchas empresas familiares no sobreviven la transición generacional, y sólo un pequeño porcentaje opera hoy en condiciones óptimas. Si no creamos condiciones para que escalen, estamos desaprovechando uno de nuestros mayores activos productivos.

Tenemos el bono demográfico, tenemos el tratado, tenemos la cercanía con el mayor mercado del mundo. Necesitamos invertir en infraestructura: eléctrica, hídrica, logística y digital. El crecimiento no vendrá solo.

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