El modelo multilateralista con base en el derecho internacional que hoy languidece fue impulsado por Estados Unidos, como una de las potencias que emergió entre las vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. En lo político, los acuerdos de Yalta (1945) determinaron la fragmentación de Alemania y la creación de la ONU; en lo económico, la adopción del sistema Bretton Woods, que implicó la creación del Banco Mundial (1944) y el Fondo Monetario Internacional (1945) tenían por objetivo crear un orden que evitase la Tercera Guerra Mundial.
Tras la caída de la Unión Soviética (1991), la capacidad política y narrativa de Washington fue destacable para hacerse con la posición hegemónica en lo económico y en lo cultural. En 2026, con el liderazgo estadunidense en entredicho, surgen improvisaciones ejecutivamente ordenadas por el inquilino de la Casa Blanca, como la de querer imponer el nuevo sistema-mundo; sin ganar, e incluso, sin siquiera pelear la Tercera Guerra Mundial.
Así podemos entender el nuevo frente indirecto abierto contra China (y Rusia) y su influencia económica, política y militar en América Latina y el Caribe. El presidente de Estados Unidos fue anfitrión desde el Trump National, en Doral, Florida (un resort de golf propiedad del magnate neoyorquino), el pasado 7 de marzo, de la iniciativa multinacional liderada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico y la migración irregular, según el membrete “Escudo de las Américas”. De facto, es una coalición de reacciones latinoamericanas cuyo mayor símbolo de identidad es la subordinación vergonzante ante Washington y una idolatría malsana hacia la figura de Donald Trump.
En el acto, Donald Trump afirmó: “No voy a aprender su maldito lenguaje. No tengo tiempo”. Ante el desprecio por la lengua de nuestros pueblos, la audiencia de supuestos líderes latinoamericanos no halló mejor respuesta que reírle la gracia a Trump. Ya en su oportunidad, brilló la zalamería del presidente hondureño Nasry Asfura, quien reivindicó la vigencia del vocablo “besamanos” en la jerga del oficio político; Javier Milei intentó hablar inglés, por si no ha quedado claro que está dispuesto a entregar los 3 millones 170 mil kilómetros de territorio argentino por el bien del Estado genocida de Israel; y Nayib Bukele, que traiciona su ascendencia palestina y se inclina ante un genocida. “Si malo el gringo que nos compra, peor el criollo que nos vende”. No pierde vigencia el dicho acuñado por el político argentino Javier Jauretche.
En paralelo al frente contra China y Rusia en América Latina; Trump pretende recuperar el patio trasero con la Doctrina Monroe a la que ha aportado un +++addendum+++ y llama “Donroe”. Busca legitimar incursiones militares estadunidenses so pretexto del narcotráfico en cualquier país, especialmente en aquellos cuyos líderes resguardan la dignidad de los pueblos a los que representan. Me refiero a la Colombia de Gustavo Petro, al Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva y al México de Claudia Sheinbaum.
El lunes 9 de marzo de 2026, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, ha sido impecable en sus respuestas a Trump. Primero, al evidenciar que, por lo menos, dice la verdad; en efecto, su gobierno no ha aceptado ni aceptará la intervención militar unilateral de Estados Unidos. Segundo, lejos del aspaviento y la majadería de imitar a la jefa del Estado mexicano, Sheinbaum Pardo respondió con calma y valentía: “Que detenga el tráfico de armas ilegales a México, pues 75% del armamento del crimen organizado —reconocido por el propio Departamento de Justicia— viene de Estados Unidos”.
