Las empresas que México necesita

#OpiniónCoparmex

Columnista Invitado Nacional

Columnista Invitado Nacional

Juan José Sierra Álvarez* 

Actualmente, hablar de crecimiento económico sin hablar de responsabilidad social es quedarnos a la mitad de la conversación. Hoy, el desarrollo del país exige empresas que construyan valor social, humano y ambiental. 

Durante mucho tiempo se pensó que la responsabilidad social era un complemento, una acción adicional o incluso un costo. Esa visión ya no corresponde a la realidad. Las empresas con un alto compromiso social pueden alcanzar hasta 23% más de rentabilidad. 

El entorno global ha cambiado. La competitividad ya no se mide únicamente por la capacidad de producir o de exportar, sino por la forma en que las empresas gestionan su impacto. Los mercados, los inversionistas y, sobre todo, las personas, están exigiendo algo más: propósito.

Los jóvenes envían un mensaje claro. Siete de cada diez colaboradores consideran el propósito social un factor clave al elegir dónde trabajar. Y nueve de cada diez se sienten más comprometidos cuando forman parte de organizaciones que tienen valores claros y objetivos que trascienden lo económico. Esto es una señal de hacia dónde se está moviendo el mundo del trabajo.

En ese contexto, la responsabilidad social empresarial deja de ser un discurso y se convierte en una herramienta concreta para fortalecer la productividad, atraer talento y generar sostenibilidad en el tiempo.

México necesita empresas sólidas. Pero también responsables.

Necesita inversión, crecimiento y competitividad, pero también cohesión social. Porque no puede haber desarrollo sostenible en un entorno marcado por la desigualdad, la falta de oportunidades y la fragmentación social.

Desde la Coparmex hemos impulsado que el crecimiento económico vaya de la mano de la construcción del progreso. Y, para lograrlo, es indispensable que las empresas asuman un papel activo en su entorno.

Esto implica tomar decisiones con visión de largo plazo.

Entender que invertir en comunidades, en el desarrollo del talento y en prácticas sostenibles no sólo responde a una convicción ética, sino que también reduce riesgos, fortalece la resiliencia organizacional y abre nuevas oportunidades de negocio.

Contamos con herramientas que permiten medir ese impacto. Modelos como el retorno social de la inversión (SROI) han demostrado que es posible traducir el compromiso social en valor económico tangible. Las empresas que integran criterios ambientales, sociales y de gobernanza no sólo generan impacto positivo; también han logrado superar al mercado de manera consistente.

Pero el reto va más allá de medir. El verdadero desafío está en integrar la responsabilidad social en el corazón de la estrategia empresarial. Como un eje transversal que influye en cada decisión: desde la manera en que se produce hasta la forma en que se gestionan las relaciones laborales y se construyen cadenas de valor.

En un momento en el que la inteligencia artificial y la automatización están cambiando el trabajo, este enfoque cobra aún mayor relevancia. La tecnología debe ir acompañada de una visión centrada en la dignidad de las personas, en su desarrollo y en la generación de oportunidades reales.

México tiene frente a sí una oportunidad histórica para consolidarse como una economía competitiva a nivel global. Pero esa oportunidad sólo podrá materializarse si construimos un entorno de confianza, con seguridad, energía suficiente y certeza jurídica. Y, también, si fortalecemos el papel de las empresas como agentes de cambio social.

La responsabilidad social empresarial no es una tendencia. Es el nuevo estándar.

Es la base para construir empresas más fuertes, más resilientes y más competitivas. Pero, sobre todo, es la vía para construir un México más justo, más inclusivo y con visión de largo plazo.

Porque, al final, las empresas que trascienden no son las que sólo crecen.

Son las que generan valor donde más se necesita. #OpiniónCoparmex.

*Presidente de la Coparmex