La eficiencia energética en el corazón de la transición

Columnista Invitado Nacional
Por Luz Elena González Escobar*
Hoy sabemos que consumir más no significa, necesariamente, vivir mejor: el crecimiento por sí mismo no asegura desarrollo. Ese crecimiento debe ir acompañado de condiciones para ejercer derechos, vivir con dignidad y eliminar brechas de desigualdad.

Durante mucho tiempo, en México y en muchas otras naciones el desarrollo se entendió como un sinónimo de mayor consumo: más demanda y más bienes equivalían a un mayor desarrollo.
Hoy sabemos que consumir más no significa, necesariamente, vivir mejor: el crecimiento por sí mismo no asegura desarrollo. Ese crecimiento debe ir acompañado de condiciones para ejercer derechos, vivir con dignidad y eliminar brechas de desigualdad. Por ello, el nuevo modelo energético mexicano implica un cambio de fondo, porque asume otra forma de entender el consumo energético.
Por esa razón, la eficiencia energética implica procesos productivos que replantean de manera crítica su relación con la energía; hogares que reducen su consumo sin sacrificar bienestar y gobiernos que asumen con responsabilidad el uso de los recursos públicos.
Lo mismo aplica para la transición energética. Además de plantearse como un cambio tecnológico profundo en la generación de energía, es necesario entenderla como una nueva forma de relacionarnos con ella.
Hoy, la eficiencia orienta la generación, el transporte y el consumo de energía bajo una lógica de corresponsabilidad que comienza en el sector público.
En semanas recientes, desde la Secretaría de Energía, a través de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee), por un lado, reconocimos públicamente a diversas instalaciones del gobierno federal por mejorar su desempeño energético, demostrando que el sector público también puede y debe transformar sus prácticas.
Por otro lado, celebramos la firma de una nueva generación de Acuerdos Voluntarios de Eficiencia Energética, un instrumento que ha demostrado su eficacia a nivel internacional. En el último ciclo se firmaron 16 acuerdos con instalaciones de consumos significativos, que aplicaron 97 medidas de eficiencia y alcanzaron ahorros acumulados de 261 GWh, equivalentes a cerca de 760 millones de pesos. En esta sesión firmamos con 12 empresas y sus 24 instalaciones.
Estos acuerdos representan un compromiso asumido por las empresas, pero también un beneficio: menos consumo, menores costos, mejores procesos y mayor competitividad. Al mismo tiempo, ayudan al país a reducir la demanda energética intensiva y a transitar hacia un modelo donde la responsabilidad se comparte.
La eficiencia energética es una política impulsada desde el más alto nivel del Estado mexicano. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, física de formación y con décadas de experiencia en energías renovables y transición, es una convicción profunda sobre cómo debe construirse el futuro del país.
Su visión reconoce que aprovechar mejor cada unidad de energía es una de las herramientas más poderosas para elevar la competitividad nacional, sin comprometer ni los recursos ni el medio ambiente.
El uso responsable, consciente y racional de la energía, es un acto de cuidado colectivo, de pensar en nuestro entorno, en nuestra comunidad, en nuestra relación respetuosa con quienes estamos hoy y quienes vendrán después. Consumir mejor es, en el fondo, una forma de país que mira hacia el futuro con responsabilidad y esperanza.
*Secretaria de Energía de México