Democracia y congruencia

La interpretación constitucional debe favorecer la protección más amplia de los derechos humanos.

Por Emilio Suárez Licona*

En el sistema democrático mexicano, dos límites constitucionales establecidos en el artículo 54 de nuestra Constitución han sido fundamentales para la configuración de nuestra democracia. Estos límites, que prohíben a un partido político contar con más de 300 diputados y que impiden que su representación en la Cámara de Diputados exceda en más de ocho puntos porcentuales su porcentaje de votación nacional emitida, han sido objeto de debates y análisis profundos, tanto en términos de su interpretación como de su aplicación práctica en el contexto contemporáneo.

Hace seis años, muchos participamos en un esfuerzo electoral. Estuvimos en la campaña de José Antonio Meade, los temas que se discuten hoy se discutieron entonces. De hecho, el debate de estos días comenzó con impugnaciones presentadas desde 2018. Por esta razón, quisiera aportar algunas reflexiones para dejar testimonio de lo que pensaba entonces y estoy convencido ahora.

La historia de la democracia mexicana ha sido marcada por diversas reformas que han buscado ampliar y proteger la representación política de las minorías, evitando la concentración del poder en manos de una sola fuerza política. En los primeros años de la posrevolución, la Constitución garantizaba el voto a los hombres, y en 1953, tras una reforma significativa, se extendió este derecho a las mujeres.

Posteriormente, en 1963 se produjo un cambio crucial reflejado en la introducción de los diputados de partido, un mecanismo diseñado para institucionalizar la representación de partidos minoritarios en la Cámara baja y así fomentar una mayor pluralidad en el Congreso.

En 1977 evolucionó con la creación del sistema mixto de representación proporcional y mayoría relativa, marcando un avance significativo en la protección de los derechos democráticos al garantizar que las minorías tuvieran una voz sustancial en el Congreso.

Las reformas continuaron en la década de los 90, con la reducción progresiva del límite de la representación mayoritaria, asegurando que ninguna fuerza política pudiera monopolizar el Congreso sin la participación de las minorías. Desde entonces, todos los cambios en la Constitución se han logrado con la suma de más de una fuerza política, evitando espacios monolíticos o hegemónicos y sumando pluralidad para transformar al país.

Dos elementos adicionales han perfeccionado nuestra democracia. Primero, las minorías pueden interponer una acción de inconstitucionalidad, lo que permite expulsar de la legislación vigente un texto que no cumpla con la Carta Magna. Además, se reconoce que su esencia es proteger a las minorías y que la interpretación constitucional debe favorecer la protección más amplia de los derechos humanos.

En tales circunstancias, la figura de la coalición, pensada para que los partidos pudieran participar unidos, se utilizó en 2018 y ahora para intentar eludir los límites constitucionales.

El respeto a estos límites es crucial para mantener la estabilidad y la equidad de nuestro sistema electoral, y para asegurar que la voluntad popular se refleje de manera justa en la composición del Poder Legislativo. De lo contrario, se corre el riesgo de revertir los logros históricos en materia de derechos políticos y representación democrática, comprometiendo la esencia misma de la democracia mexicana.

Una interpretación progresiva beneficiaría a las minorías, pues tendrían una representación más cercana a su votación dándole vigencia a la concepción de los plurinominales como figuras para corregir distorsiones vinculadas a los diputados de mayoría. El beneficio para la mayoría es también evidente, al preservarse la esencia de nuestra democracia, reflejado en la apertura de espacios para escuchar otras voces dentro de las instituciones, lo cual enriquece su visión anclada en el estudio y análisis desde la pluralidad, y finalmente, el beneficio se extiende al propiciar un ambiente democrático que limita la posibilidad de ser objeto de presiones que nos vienen de fuera.

*Consultor y profesor de la Universidad Panamericana

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