Por António Guterres / Secretario General de las Naciones Unidas
En este Día Internacional de la Energía Limpia percibimos que el mundo está cambiando, pero debemos acelerar el ritmo.
La ciencia nos dice que estamos por experimentar un aumento temporal de la temperatura global superior a 1.5 ºC. Tenemos la responsabilidad de lograr que ese exceso sea tan pequeño como sea posible, con una mínima duración y de la forma más segura que se pueda, mediante una transición justa, ordenada y equitativa hacia formas de energía distintas de los combustibles fósiles.
Las energías renovables pueden ser el motor de esa transición. En la mayoría de los lugares son la fuente más barata de electricidad nueva. Y el año pasado, por primera vez, la energía eólica, solar y otras energías renovables generaron más electricidad que el carbón a nivel mundial.
La energía renovable conecta a las comunidades que todavía están en la oscuridad, brinda soluciones limpias para cocinar y abre la puerta a una mejor salud y educación y a mejores oportunidades. Las energías renovables permiten establecer nuevas industrias, crear empleos decentes y bajar los costos energéticos y protegen a los países de las crisis geopolíticas y la volatilidad de los mercados.
Aún así, la revolución de las energías renovables no está avanzando a velocidad suficiente ni llegando todo lo lejos que debería. La infraestructura de las redes eléctricas se está quedando atrás respecto de la expansión de la capacidad de la energía limpia, y los elevados costos siguen impidiendo la transición en muchos países.
La hoja de ruta es clara: debemos triplicar la capacidad de la energía renovable para 2030 levantando las barreras, reduciendo los costos y conectando la energía limpia con las personas y las industrias, a gran escala, con celeridad y con solidaridad.
Los organismos regulatorios deben adoptar políticas que recompensen el uso de energías limpias y faciliten la obtención de permisos, aunque sin descuidar a las personas y a la naturaleza. Las empresas de servicios públicos deben mejorar, expandir y digitalizar las redes y las interconexiones para llevar la energía limpia a donde se le necesite y ampliar las capacidades de almacenamiento para que los sistemas energéticos mantengan la estabilidad mientras crecen las energías renovables. La industria debe diversificar las cadenas de suministro para que más países puedan fabricar, instalar y mantener sistemas de energía limpia. Ello incluye los minerales esenciales indispensables para la transición, que deben beneficiar a los países y las comunidades que los producen, no sólo a los mercados globales.
El sector financiero debe reducir el costo del capital, en particular para los países en desarrollo que tienen un vasto potencial para implementar energías renovables. Y los bancos multilaterales de desarrollo deben reducir el riesgo y desbloquear una inversión privada mucho más amplia.
Lo que es más importante, es necesario asegurar que la transición sea justa: que durante la evolución de los sistemas energéticos se proteja a los trabajadores y las comunidades, se apoye la educación y el desarrollo industrial y se ofrezcan oportunidades para todos.
Un futuro con energía limpia está a nuestro alcance. Aprovechemos el momento y llevemos la revolución de las energías renovables a todos los rincones del mundo.
