Medir la inclusión para no dejar a nadie atrás

Por Silvia Morimoto*

¿Qué significa, para el desarrollo, que una sociedad sea realmente inclusiva? No basta con reconocer derechos en las leyes. La inclusión se refleja en la posibilidad de estudiar sin discriminación, acceder a servicios de salud, contar con oportunidades económicas, participar en la vida pública y vivir sin miedo a la violencia.  

Con esta premisa, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México presentó en junio de 2026 el primer Índice de Inclusión LGBTIQ+ en México, una herramienta que busca poner datos donde durante mucho tiempo hubo invisibilidad. El Índice analiza 51 indicadores agrupados en cinco dimensiones del desarrollo humano: educación, participación política y cívica, bienestar económico, salud, y seguridad personal y violencia. 

La necesidad de contar con esta información es evidente. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021 del Inegi, cerca de cinco millones de personas mayores de 15 años en México se reconocen como parte de la población LGBTIQ+. Pero, necesitamos conocer también las condiciones en las que viven y las barreras que enfrentan para ejercer plenamente sus derechos. 

El Índice ofrece una fotografía que combina avances y desafíos. México obtiene un valor global de 0.64 en una escala de 0 a 1. La participación política y cívica registra 0.84; salud, 0.75; y bienestar económico, 0.74. Al mismo tiempo, educación alcanza 0.48 y seguridad personal y violencia 0.43. Estos resultados muestran que el reconocimiento de derechos y la existencia de políticas públicas no siempre se traducen, de manera automática, en mejores experiencias y condiciones de vida. 

Uno de los hallazgos más relevantes es precisamente esta distancia entre el marco formal y la realidad cotidiana. Un país puede avanzar en leyes y políticas, pero si una persona LGBTIQ+ sigue enfrentando discriminación en la escuela, el trabajo, los servicios de salud o los espacios públicos, la inclusión aún no es una realidad plena. 

La dimensión de salud ofrece un ejemplo contundente. La Endiseg 2021 reportó que 28.7% de la población LGBTIQ+ había experimentado ideación o intento de suicidio, y que 57.2% de quienes reportaron ideación suicida la atribuyeron directamente a su orientación sexual o identidad de género. Estos datos recuerdan que la discriminación no es solamente un problema de derechos: tiene consecuencias concretas sobre el bienestar y las oportunidades de vida. 

El Índice también permite mirar dentro de la propia diversidad. No todas las personas LGBTIQ+ enfrentan las mismas barreras. Las personas intersex aparecen como el grupo con los niveles más bajos de inclusión en las distintas dimensiones analizadas, mientras que las personas trans enfrentan una brecha particularmente significativa entre el reconocimiento formal de sus derechos y sus condiciones de bienestar. 

Por ello, medir no es un fin en sí mismo. Los datos adquieren sentido cuando permiten identificar dónde están las brechas, a quiénes afectan y qué decisiones pueden contribuir a cerrarlas. El Índice plantea recomendaciones para instituciones públicas, Congreso, sociedad civil, academia y cooperación internacional. Entre las recomendaciones están fortalecer la generación de estadísticas, mejorar la documentación de la violencia y desarrollar políticas públicas que reconozcan las distintas realidades dentro de la población LGBTIQ+. 

Especial relevancia toman las recomendaciones para el Congreso, por ello, este 15 de octubre presentamos el Índice junto con la Comisión de Diversidad de Inclusión de la Cámara de Diputadas y Diputados, celebrando el lanzamiento del Anexo Transversal 33 de Diversidad Sexual y de Género para el ejercicio fiscal 2027; un paso hacia adelante para poner los recursos directamente en el cierre de las brechas de discriminación señaladas en el Índice.  

La inclusión no puede construirse sobre promedios que esconden desigualdades. Requiere datos, instituciones capaces de responder y políticas que conviertan los derechos reconocidos en derechos efectivamente ejercidos. 

El Índice de Inclusión LGBTIQ+ es, por ello, mucho más que una medición. Es una invitación a mirar lo que los promedios no muestran, a escuchar las experiencias que los datos ayudan a visibilizar y, sobre todo, a transformar esa evidencia en decisiones. Porque no dejar a nadie atrás también significa que ninguna persona quede fuera de las oportunidades de vivir con dignidad, libertad y seguridad, independientemente de su orientación sexual, identidad o expresión de género, o características sexuales. 

*Representante residente del PNUD en México

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