Día Mundial del Medio Ambiente. Acción colectiva por un medio ambiente resiliente
Por Silvia Morimoto*
La Tierra nos habla con temperaturas récord y climas extremos: la crisis climática ya no es una amenaza futura, es nuestra realidad. Estamos peligrosamente cerca de superar el umbral de los 1.5 grados Celsius, y cada décima de grado cuenta. Pero frente a esta urgencia planetaria, crece una fuerza vital: la acción colectiva. Hoy, desde lo local, las comunidades lideran soluciones concretas para frenar la triple crisis: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación.
México es un país megadiverso que alberga cerca de 12% de las especies conocidas; sin embargo, esta riqueza enfrenta presiones complejas: pérdida y degradación de ecosistemas, cambio de uso de suelo, contaminación, sobreexplotación de especies, especies exóticas invasoras, efectos del cambio climático y desigualdades en la participación y distribución de beneficios asociados a la naturaleza.
Hoy, los impactos superan las acciones de contención, traduciéndose en sequías, incendios forestales e inundaciones que dañan gravemente la salud, los medios de vida y el futuro de las personas.
Frente a este escenario, la prioridad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) es clara: contribuir a fortalecer la resiliencia de las instituciones y a las comunidades más vulnerables ante estas crisis. Apoyamos a México, de la mano de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, para transformar sus compromisos ambientales en acciones concretas que protejan tanto a la naturaleza como a quienes dependen de ella.
A nivel subnacional, junto con la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial de Puebla, impulsamos el proyecto Puebla Resiliente ante Desastres. Esta iniciativa capacita al funcionariado local y a las comunidades para gestionar el riesgo mediante soluciones basadas en la naturaleza, seguridad hídrica y economía circular. Un gran ejemplo de éxito es Atlixco, municipio que oficializó su Programa Municipal de Resiliencia; al integrarlo en su normativa, hoy puede destinar financiamiento para acciones de resiliencia y desarrollo sostenible.
Por otro lado, para garantizar el uso sostenible y la conservación de los ecosistemas, colaboramos con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en el proyecto Sinergia. Esta iniciativa impulsa una estrategia integral en las Áreas Naturales Protegidas (ANP) que abarca la educación ambiental, la participación ciudadana, la supervisión en el cumplimiento de la normatividad ambiental y el manejo responsable de los servicios turísticos y comerciales. Además, el proyecto despliega trabajo crítico en el campo, como el monitoreo biológico para evaluar la salud de los ecosistemas, y lidera la prevención, detección, control y liquidación de incendios forestales. Estos esfuerzos salvaguardan no sólo la integridad biológica de las ANP, sino también la subsistencia de las comunidades que las habitan y conservan.
Asimismo, entendemos que la economía debe alinearse con la naturaleza. México, al ser el sexto país más visitado del mundo, mantiene un modelo de turismo convencional que en ocasiones fragmenta ecosistemas, desplaza comunidades y amenaza los mismos paisajes de los que depende. Frente a esto, el proyecto Kuxatur —junto a la Secretaría de Turismo, Amigos de Sian Ka’an, Conservación del Territorio Insular y WWF México— demuestra que integrar la biodiversidad en el turismo no frena el desarrollo. Al promover un manejo integral del territorio, mejores prácticas, participación comunitaria y financiamiento, se logra que la conservación deje de ser un “costo” y se convierta en el núcleo del modelo de negocio.
Finalmente, el Proyecto Umbrella nos recuerda que la pérdida de biodiversidad no es un problema ambiental aislado, sino un desafío sistémico ligado a cómo producimos, consumimos y planificamos en el territorio. Para traducirlo en políticas reales, el PNUD acompaña a México —junto a la Conabio—en tres procesos clave: actualizar la Estrategia Nacional sobre Biodiversidad, monitorear las Metas Nacionales de Biodiversidad y elaborar el Séptimo Informe Nacional ante el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Así, buscamos que la conservación trascienda los compromisos y genere información útil para la toma de decisiones, indicadores que midan avances o brechas, y una mayor articulación entre gobiernos, cooperación internacional y otros actores.
De cara al futuro, el PNUD reitera su compromiso de acompañar a los gobiernos, los sectores estratégicos y a las comunidades en la construcción de resiliencia. Mediante el diseño de políticas públicas, soluciones basadas en la naturaleza y estrategias inclusivas de mitigación y adaptación, buscamos trazar un camino guiado por la justicia climática y ambiental. Sólo asegurando la protección de la biodiversidad, el respeto a los derechos humanos y la igualdad sustantiva, lograremos consolidar un desarrollo que verdaderamente no deje a nadie atrás. #PorElClimaYa
*Representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en México (PNUD)
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