Votar desde casa

• El INE optó por aprovechar una prerrogativa que la ley le reconoce desde 2014: captar, a través del internet, el sufragio que emitan las personas residentes en el extranjero.

Por Yuri Beltrán

En las elecciones de 2021 más de 100 mil mexicanos votarán desde el sillón de sus domicilios. Contrario a lo que la intuición podría dictar, esa comodidad reducirá los costos del proceso, al tiempo que mejorará la calidad de sus resultados.

Hace unos días, el INE optó por aprovechar una prerrogativa que la ley le reconoce desde 2014: captar, a través del internet, el sufragio que emitan las personas residentes en el extranjero. Esa decisión contribuye a solucionar una añeja demanda de la diáspora, en el sentido de hacer más fácil la emisión del voto foráneo.

Dos razones adicionales podrían explicar el cambio de postura institucional. Por un lado, la pandemia de covid-19 ha hecho que las instituciones electorales del mundo consideren los sistemas de votación electrónica como alternativa para eliminar el riesgo de contagios. Por el otro, las más de 1.1 millones de credenciales para votar tramitadas desde fuera del país hacen financieramente inviable mantener el uso de mensajerías para trasladar internacionalmente boletas y votos.

¿Es adecuado el sistema? La literatura especializada recomienda revisar cuatro aspectos.

La autenticación garantiza que sólo la persona registrada pueda emitir el voto. El sistema del INE resuelve bien ese reto, pues el votante deberá teclear una contraseña única que le será enviada a su correo electrónico, así como una segunda clave que se generará en su propio teléfono celular.

Se resuelve favorablemente también el tema de la secrecía, toda vez que el sistema cifra los votos y los separa de manera permanente e irreversible de quien los emitió. Es imposible reestablecer la correspondencia.

El sistema se puede utilizar en forma amigable en computadoras y dispositivos. Siguiendo buenas prácticas internacionales, se abrirá un periodo de prueba para que los votantes se vayan familiarizado con las aplicaciones. Emitirá un comprobante que garantizará al ciudadano que su sufragio llegó en tiempo y está listo para ser contabilizado.

Los temas de seguridad fueron revisados por la UNAM y Deloitte, que verificaron el código fuente y señalaron los puntos aún vulnerables para que se corrijan en tiempo. No hay fallos críticos.

Todo parece indicar que el aspecto técnico del voto por internet está resuelto satisfactoriamente. El desafío, ahora, está en la generación de confianza.

Resulta ahí indispensable la realización de simulacros adicionales, eventos de prueba con organizaciones de migrantes, total transparencia en los momentos de apertura y escrutinio del sistema. Debe profesionalizarse a los cuadros partidistas y observadores, para que puedan revisar a profundidad el sistema y poder emitir opiniones públicas. Los consulados deben tener información suficiente para resolver cuestionamientos.

Estonia, Suiza, Canadá y la Ciudad de México —entre otros pioneros— han instrumentado creativos programas para transparentar el funcionamiento de sus sistemas y generar confianza. Conviene aprender de su experiencia.

La complejidad del voto foráneo abre la puerta para innovaciones tecnológicas y de política pública. Si se toma con seriedad el desafío de construir confianza, los hallazgos de la votación en el extranjero serán el insumo para pensar en votación electrónica dentro del territorio. ¡Nada mal para un país que ha tenido tantos problemas en la reducción de los costos electorales!

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