Umbrales mínimos

Amores extraños en los Cuentos populares portugueses

Por Leda Rendón

El cuento de la serpiente y la lectora

Érase que se era una joven lectora que visitó Lisboa con un escritor al que amó: era una mala persona, como casi todos los adictos. Después de varios años lo sacó de su vida y, antes de que partiera, él la maldijo: “nunca nadie te amará y yo regresaré a reclamar tu cuerpo que me pertenece”. La lectora olvidó sus palabras y continuó sus estudios literarios mientras escribía cuentos tristes y fatídicos. El amor nunca volvió, aunque mantuvo relaciones con un poeta ermitaño obsesionado con una mujer de otro país, ella lo aceptó así por las pláticas y porque hacían el amor maravillosamente. Una mañana, comenzó a leer los Cuentos populares portugueses, se durmió, y al despertar vomitó una serpiente enorme y rosa. El animal se comió a sus perros y le salieron dos jorobas con cola y orejas, los peludos aullaban desde adentro. La serpiente la seguía a todas partes. Ella, para evadirse, se concentró en la lectura de los cuentos que editó José Viale Moutinho, aunque sabía que el adicto, en forma de serpiente, venía a cumplir la segunda parte de su maldición. Decidió perder su cuerpo leyendo y contar estos dos últimos cuentos a sus lectores.

El cuento de la araña

Érase una vez un joven haragán que decidió ser zapatero, un día le dijo a su madre que se iría para hacerse millonario y que se casaría con la primera mujer que se encontrara. El muchacho llevaba un pan y se sentó a comérselo bajo un árbol donde había una gran laja. Entonces apareció una araña y la hizo su esposa. Cuando llegaron al siguiente pueblo, la liberó. La araña empezó a tejer una telaraña y el joven exclamó, “qué trabajadora es mi mujer, así me gusta”, pasó el tiempo y el zapatero comenzó a tener mucho trabajo y dinero, y recordó que le había prometido a su madre regresar para presentarle a su esposa, entonces le pidió a la sirvienta que se hiciera pasar por ella y se montaron a los caballos. La araña se montó en un gallo y persiguió a su marido. Cuando llegaron al árbol donde se conocieron, la laja se convirtió en un hermoso castillo y la araña en una princesa encantadora, él, (no sabemos si el gallo o el zapatero) se convirtió en un príncipe, la sirvienta fue el aya e invitaron a la mamá del zapatero.

El cuento de la cara de palo

Había una vez una princesa que era muy fea. Un día asistió a la fiesta del príncipe vecino por quien se sentía atraída, pero no se atrevió a mirarlo. Pronto su madre murió y le dio, en su lecho de muerte, una varita mágica y a su esposo le pidió que no se casara con ninguna mujer a menos que le quedara un pañuelo blanco que puso entre sus manos. Pasaron años y el rey entristeció porque a ninguna mujer le quedaba el pañuelo, entonces se lo dio a su hija quien, al ponérselo, se convirtió en la joven más hermosa del reino. Entonces su padre decidió casarse con ella. La princesa le solicitó tres vestidos especiales que el rey salió a conseguir. Mientras tanto, ella le pidió al ebanista del reino que le construyera un cuerpo de madera para ponérselo encima y, en cuanto llegó su padre, se fue y comenzó a trabajar en el reino vecino. Un día, el príncipe ofreció una fiesta de tres días a la que la muchacha asistió sin su traje de palo y cada día con un vestido diferente, luciendo toda su hermosura. El príncipe la mantuvo siempre a su lado, ella nunca le dio su nombre y desapareció. El joven enfermó y cara de palo le hizo unos pasteles que lo mejoraron, porque dentro de cada uno venían los regalos que el príncipe le había hecho durante la fiesta. Se casaron y parece que vivieron muy felices.

TÍTULO: Cuentos populares portugueses

TRADUCCIÓN: María Tecla Portela Carreiro

EDITORIAL: Siruela, España, 2016; 171 pp.

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