Triquis

Por: Luis Wertman En la misma semana, tuve la oportunidad de celebrar de una manera curiosa dos fechas importantes. Todo inició con una forma distinta de hacer las cosas, la cual no es usual en nuestra cultura: primero cumplir y después, prometer. Hace unos días, a ...

Por: Luis Wertman

En la misma semana, tuve la oportunidad de celebrar de una manera curiosa dos fechas importantes. Todo inició con una forma distinta de hacer las cosas, la cual no es usual en nuestra cultura: primero cumplir y después, prometer. Hace unos días, a petición de la comunidad Triqui en la Ciudad de México y de Pascual de Jesús González, uno de sus representantes, tuvimos el privilegio de organizar un campamento con los famosos “campeones de la montaña”, las y los niños que se hicieron internacionalmente conocidos por su pasión por el baloncesto.

Además de ser un espectáculo deportivo por su habilidad y dedicación, los jóvenes atletas triquis son ejemplo de confianza. Ninguno parece conocer límites. Desde que pisan la duela del Deportivo Guelatao (ubicado en La Lagunilla) corren, tiran y botan el balón sin reparar demasiado en la estatura o el peso del rival. Son la auténtica definición de lo que es un equipo.

Con la colaboración de la secretaria de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, Evangelina Hernández Duarte, y el apoyo del delegado en Cuauhtémoc, Rodolfo González Valderrama, los jugadores abren su primer entrenamiento al mediodía del miércoles pasado, justo después de una sesión de calentamiento. Se incorporan a ellos niñas y niños del Centro Histórico que aprovechan así las vacaciones de verano. Los entrenadores al mando del maestro Octavio Merino Ramírez son exigentes y metódicos. Sus indicaciones y silbatazos explican mucho acerca de la disciplina que han alcanzado sus jugadores; trabajan, a un mismo tiempo, el cuerpo y la mente. La regla es simple: todo es posible si se esfuerzan.

En un país donde es común centrar enormes expectativas en los deportistas profesionales, los triquis brindan lecciones acerca de la colaboración, la unidad y el éxito compartido. Son un ejemplo sobre cómo podemos convertir las adversidades en ventajas, si aprendemos a no perder la forma en que los niños ven el mundo. Y ese siempre es el riesgo. Unas horas más tarde, se anuncia una iniciativa para combatir el trabajo infantil en la Ciudad de México, de la mano del jefe de Gobierno, José Ramón Amieva Gálvez, y el director del DIF-CDMX, Gamaliel Martínez Pacheco, entre otras dependencias. Al Consejo le toca recibir al 5533-5533 los reportes de niñas y niños que desempeñan múltiples labores en las calles, cuando deberían estar jugando o en la escuela. Tan sólo en un trayecto de tres cuadras, reporto cuatro casos; las autoridades anuncian que han identificado muchos más.

Será difícil avanzar como ciudad y nación si seguimos ignorando los derechos de niñas y niños. Atender a los que son explotados a plena luz del día (y de la noche) es un paso indispensable para encauzar a muchas personas que, en los siguientes años, serán determinantes en el futuro de todos. Aquí tenemos mucho que hacer para apoyar al programa Alerta de ti y hacer los reportes a Locatel, al Consejo Ciudadano y al 911.

El jueves llega la segunda fecha relevante: el día internacional de las Comunidades Indígenas. A las 9 am, las y los atletas ya están estirándose en el piso de madera. Hablan, ríen, cantan, se animan y se desafían igual en triqui que en español; lo hacen antes de practicar un deporte que inventó un canadiense para que sus alumnos no sufrieran las inclemencias del invierno. Supongo que ese es el espíritu de competencia del que tanto se habla en las Olimpiadas. Esa magia que sólo logra el deporte. No importa quién seas o de dónde vengas, nadie es más que otro dentro del campo de juego, a menos de que lo demuestre con su talento. No creo en las deudas históricas, sólo pienso que las efemérides deberían ser recordatorios sobre lo que nos falta por hacer y lo que podríamos alcanzar si somos corresponsables con nuestra ciudad y nuestro país.

Con esa idea en mente, tengo la oportunidad de hablar con un líder comunitario triqui que me confiesa que está impresionado porque no hubo una sola promesa antes de la visita para el campamento de los jugadores, sino acuerdos cumplidos (lo que, parece, no les pasa muy seguido). Me sorprende su punto de vista y concluimos que a partir de ahora haremos todo al revés: primero cumpliremos y después vendrán las promesas.

Por eso, el próximo 14 de agosto a las 11:00 de la mañana en el Centro Social y Deportivo Guelatao, tendremos la conclusión del campamento con dos juegos de exhibición y una competencia de tiros de tres puntos, la entrada es libre.

Finalmente, aprovecho para agradecer por los obsequios para los equipos a nuestros consejeros Diego Céspedes, presidente de Dixon/Vinci, y Ángel Mussi, representante de los comerciantes del Centro Histórico, que nos acercó con don Elías Chaul, quien regaló tenis para cada uno de los atletas, y a Óscar Osorio, presidente del Consejo Ciudadano de Oaxaca por el apoyo allá y aquí. Es un privilegio contar con ustedes.

                Twitter: @Luis Wertman

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