Sensación
Por Luis Wertman Zaslav Las cifras, por exactas que sean, apelan siempre a la razón y pueden no afectar mucho las sensaciones que los ciudadanos tenemos acerca de un problema social. Sentirnos de una u otra forma en las calles, se basa en lo que percibimos a nuestro ...
Por Luis Wertman Zaslav
Las cifras, por exactas que sean, apelan siempre a la razón y pueden no afectar mucho las sensaciones que los ciudadanos tenemos acerca de un problema social. Sentirnos de una u otra forma en las calles, se basa en lo que percibimos a nuestro alrededor y tomamos como cierto, aunque no lo entendamos del todo.
Empatar percepción con realidad es uno de los ejercicios sociales más complejos que existen. Es tanto como llegar a un acuerdo general sobre un asunto que nos afecta o nos satisface, cuando cada uno puede tener su propia impresión al respecto, basada en los mismos (y diferentes) factores que nos hacen únicos.
¿Qué tan fácil es que coincidamos en lo que percibimos sobre la ciudad? No creo que exista una respuesta mecánica o una fórmula; sin embargo, es posible que nuestra sensación compartida se construya a través de varios elementos muy claros.
Tomemos en cuenta las faltas cívicas. De acuerdo con los fríos números oficiales, la conducta que más se sanciona es abusar del alcohol. En muchos casos, beber sin moderación deriva en riñas en la calle, escándalos nocturnos o de madrugada y desmanes varios en la vía pública.
Los más vulnerables al abuso de bebidas alcohólicas son los jóvenes, a pesar de que no son los únicos. Mientras los adultos y adultos “contemporáneos” crecimos con mitos alrededor del alcohol (manejas mejor tomado, no mezclar bebidas para “entablarte”, volver el estómago para bajar la borrachera, entre otros), las y los jóvenes se inician a una edad menor en su consumo y son presa fácil no sólo de la venta sin identificación oficial, sino de alcohol adulterado o de preparados que intoxican con mayor rapidez, como los destilados con bebidas energizantes o la cerveza en grandes cantidades con dulces, chile y saborizantes de todo tipo (las famosas gomichelas).
Una persona que aún no ha alcanzado la madurez suficiente para beber con moderación puede caer con facilidad en los mitos del alcohol y perder el juicio cuando ya no tiene capacidad de controlar lo que ha ingerido. De ahí al triste espectáculo del borracho sólo hay un paso.
Pero, sorprendentemente, a pesar de ser la falta cívica número uno en la Ciudad de México, no es la que más enfada a los capitalinos. Esa es dejar las heces caninas en la calle.
Con base en distintos ejercicios de opinión, los ciudadanos quedamos más molestos con quienes no recogen los desechos de sus animales de compañía, que provoca un rasgo adicional dentro de la percepción: nos hace sentir inseguros.
En otras oportunidades, hemos compartido en este espacio que la percepción sobre la seguridad o la falta de ella se fundamenta en factores que no necesariamente están relacionados directamente con los delitos que ocurren.
En este sentido, el buen mantenimiento de la infraestructura pública, un alumbrado en óptimas condiciones, la recolección rápida y constante de la basura, y la ocupación de los espacios de convivencia (parques, jardines, plazas) por los vecinos, en ocasiones impactan más que las acciones de prevención y de seguridad contra los criminales.
Bajo esta lógica, nuestra percepción de seguridad podría ser alta, aunque las cifras demostraran lo contrario, y viceversa, que nos sintiéramos inseguros a pesar de que los números reflejaran menos delitos.
De fondo, mejorar la seguridad es una tarea constante por mejorar a la ciudad en su conjunto, las conductas nocivas de la sociedad que integramos, y el acuerdo general de que vivir en paz es un asunto que nos involucra a todos, todo el tiempo.
Es decir, la seguridad va más allá de las pistolas, las patrullas y los policías. Fundamentalmente, es construir una cultura de corresponsabilidad en la que los ciudadanos no toleramos que nadie le venda alcohol a menores en una chelería o en un tianguis, reportamos si identificamos una botella adulterada, y de paso, cada mañana, salimos con unas bolsitas biodegradables a pasear con nuestro animal de compañía y tiramos sus deshechos en donde se debe.
Cada uno de estos buenos hábitos no tienen complicación, empiezan por nosotros y no requieren de una supervisión constante de las autoridades. Dos herramientas que los hacen todavía más sencillos de llevar a cabo: 5533-5533, 24/7 y el 072, ambos números atendidos por ciudadanos como usted y yo. Si deseamos un cambio en la seguridad, reportar, denunciar y actuar mejor, son un buen principio.
@LuisWertman
