Garibaldi

Desde hace meses advertimos públicamente en el Consejo Ciudadano que la proliferación de las llamadas “chelerías” tiene una relación directa con puntos de venta de estupefacientes

Por Luis Wertman

Regreso de un viaje con motivo de la Cumbre Iberoamericana de Sociedad Civil en Lima, Perú. Ahí tengo la oportunidad de conocer a muchas y muchos ciudadanos que trabajan diariamente para mejorar sus sociedades, organizándose contra las que parecen las dos principales preocupaciones en el continente: la inseguridad y la corrupción.

El diálogo gira en torno a éstas, sin embargo, me toca responder una inquietud más: lo sucedido en Plaza Garibaldi el viernes pasado. Me sorprende el conocimiento y el aprecio que se tiene de la plaza. No sólo es un sitio turístico, sino un emblema de lo que significa México para el mundo, por eso lo que ocurra en ella es una noticia internacional. Desde hace varios meses advertimos públicamente en el Consejo Ciudadano que la proliferación de las llamadas “chelerías” tiene una relación directa con puntos de venta de estupefacientes. Justo en uno de estos sitios se dieron los hechos.

Aunque el trabajo de comerciantes, vecinos, empresarios, mariachis y autoridades es semanal e ininterrumpido en Garibaldi (el programa que establecimos es un modelo de coordinación que nos permitió prohibir el consumo de alcohol en la plaza, renovar la iluminación, el drenaje, garantizar un servicio justo y de calidad, además de la seguridad pública), el esfuerzo por mantener Garibaldi como uno de los principales puntos de convivencia en la ciudad no puede detenerse.

Ante la polémica sobre si existe o no crimen organizado en la ciudad, la respuesta es sencilla: todo el crimen en la capital y en el país está organizado. La pregunta es qué tanto lo estamos nosotros los ciudadanos para enfrentarlo.

Los resultados de Protejamos Garibaldi demuestran que, a lo largo de los últimos años, hemos logrado una mejor coordinación que los delincuentes de la zona. Pero trabajar por la seguridad es como andar en bicicleta, si dejas de pedalear, te caes.

Recordemos que este no es el primer reto a solucionar en la plaza. Durante mucho tiempo, los “botelleros” reinaron en la explanada ofreciendo bebidas adulteradas, comida rápida y otros artículos para seguir la fiesta. Algunos establecimientos incluso hicieron del cobro abusivo la marca de la casa. No tardamos mucho en observar cómo se alejaban los clientes, turistas y visitantes de Garibaldi.

Ese descuido fue el que precisamente hizo que aplicaramos el mismo programa que sigue vigente en la Roma-Condesa o en el Aeropuerto Internacional. Cuando iniciamos, Garibaldi era un espacio perdido, que hoy es muy diferente.

No obstante, los homicidios de hace una semana nos regresan en el tiempo y afectan la percepción ciudadana de seguridad. Cuenta poco que tuviéramos ya varios años sin delitos de alto impacto, que los establecimientos sean un ejemplo de servicio (el programa Diana Doble para evitar agresiones contra mujeres se adoptó y sigue funcionando ahí) o que convoquemos a miles de personas con actividades al aire libre por medio de funciones de cine gratuitas, concursos de mariachi y homenajes masivos a la música mexicana.

Por eso, hago un llamado a que tomemos conciencia de que la mejor seguridad siempre será la prevención y la mejor herramienta, la denuncia. Si descuidamos cualquier elemento que nos ayuda a fortalecer el tejido social, entonces el crimen se cuela como la humedad.

La clave entonces es mantenernos bien comunicados, bien organizados y en permanente coordinación. Se puede mejorar la seguridad, pero bajo ninguna circunstancia bajar la guardia en una ciudad de estas dimensiones.

Explico todo lo anterior y logro que la mayoría de los rostros cambie. Para otros, la batalla parece perdida, porque lo mismo ocurre con sitios emblemáticos en Buenos Aires, Bogotá, Santiago o Lima.

Lo que genera esperanza es toda la experiencia que ya se tiene y se comparte, gracias al programa Protejamos Garibaldi.

“Entonces no son invencibles”, me dice una líder civil. No, si nos organizamos mejor que ellos, es mi respuesta.

                Twitter: @LuisWertman

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