Fotos para leer
Por Gastón García Marinozzi* La primera vez que vi a Mordzinski fue tras una puerta, un poco escondido, pensativo. Era Salman Rushdie. Estudiábamos en la escuela de periodismo el no sé qué de la entrevista, cuando Clarín publicó un encuentro con el escritor, que ...
Por Gastón García Marinozzi*
La primera vez que vi a Mordzinski fue tras una puerta, un poco escondido, pensativo. Era Salman Rushdie. Estudiábamos en la escuela de periodismo el no sé qué de la entrevista, cuando Clarín publicó un encuentro con el escritor, que estaba escondido y protegido por estar condenado a muerte por fanáticos religiosos. No recuerdo qué decía la entrevista, pero sí la imagen en blanco y negro que cubría media página, donde se veía una puerta entreabierta y, en el fondo, un hombre barbado vestido en colores claros, apoyado contra la pared, mirando el suelo. Amenazado. La fotografía lo contaba todo. El texto parecía de más.
Buscamos más trabajos de este fotógrafo, pedíamos libros al extranjero y por fin una amiga me trajo de Francia una colección de fotos de escritores en París. Recuerdo muy bien mi reacción y la de mis compañeros: maravillados con esto que era, a la vez, periodismo, literatura, retrato y arte. Imágenes que anclaba a los hombres y a las mujeres a esa ciudad que es París y a ese territorio que es la literatura. Esas imágenes en los cafés, en las calles, de noche, de día, al borde del río, sellaban, a su manera, la fama que los precedía.
Daniel Mordzinski llegó a París como los viajeros apurados, sin desarmar maletas y disparando la cámara con una velocidad de obturación de a cien madrugadas por segundo. La ciudad era todavía un lugar sagrado para los escritores de medio mundo y la literatura latinoamericana (sin desarmar maletas) llegaba y se iba con naturalidad. Por allí pasaron (casi) todos, construyendo una ciudad a la medida: glamorosa y pobre, mítica y maldita, enorme, esquiva y añorada; lo que conocimos por entonces como la capital del mundo literario latinoamericano.
Esta ciudad de escritores no sería lo mismo sin estas fotos. Mordzinski puso foto fija al imaginario de París para los latinoamericanos. Es el mejor cronista de todo eso que vemos en la ciudad: los paseos de la Maga, la tristeza de Ribeyro, el olvido de García Márquez, los cafés de Bryce. Son nuestras postales favoritas.
El tiempo puede ser implacable con la obra de los grandes artistas. La de Mordzinski sigue en movimiento, de Francia a Lisboa, del blanco y negro al color, del desierto de Oriente Medio al Caribe, de Buenos Aires (las nieves del tiempo...) a Gales, a México.
Ahora que inaugura una exposición en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, mira a su alrededor y comenta: Yo quería ser un fotógrafo mexicano. Mientras tanto, continúa tras su mayor proyecto, el más ambicioso: configurar un atlas del vasto territorio de hombres y mujeres dedicados al oficio de la escritura. Sabe cómo hacerlo, tiene con qué: la pasión, el corazón y el ojo para trabajar con material sensible. Sabe, además, los entresijos del oficio: entiende que contar es una misión, una ofrenda. Así lo hace porque así se leen sus imágenes, así entendimos en aquel curso de periodismo que estábamos no ante cualquier foto, sino ante una de esas imágenes que son continentes —en un gesto, un detalle, un momento— del relato de una historia.
Así son las fotos de los grandes: fotos para leer. No hay nadie posando en las fotos de Mordzinski; Mordzinski crea cuentos y juega con sus personajes que son escritores. Entonces ellos descansan por un segundo de la tarea de manejar los hilos de sus propias historias, y sueñan que son soñados. Ese es el momento en el que Mordzisnki
hace click.
*Escritor
Información: exposición fotográfica América y Europa: un cruce de miradas, del fotógrafo Daniel Mordzinski. Del 2 de mayo al 9 de junio. Paseo de la Reforma (camellón entre la Estela de Luz y la Diana Cazadora).
