Construir confianza
Por Luis Wertman* En todas las grandes ciudades existen espacios en los que nos sentimos seguros, al menos en nuestra percepción. El primero, nuestra propia casa, por eso el robo a casa habitación es un delito que sicológicamente nos afecta casi tanto como el crimen ...
Por Luis Wertman*
En todas las grandes ciudades existen espacios en los que nos sentimos seguros, al menos en nuestra percepción. El primero, nuestra propia casa, por eso el robo a casa habitación es un delito que sicológicamente nos afecta casi tanto como el crimen en sí; saber que alguien o varios estuvieron en nuestro espacio más íntimo rompe completamente con nuestra idea de privacidad y seguridad familiar.
Luego están, por ejemplo, sitios como los centros comerciales, los restaurantes, los hoteles, las sucursales bancarias, los supermercados y los centros religiosos. Después de todo, ¿por qué tendría que ocurrir algo malo en cualquiera de ellos? Curiosamente esta certeza no se construye sola, influyen desde la presencia de la policía, de elementos de seguridad privada, la presencia de oficinas en el mismo lugar donde también se ubican restaurantes, cines y tiendas, hasta los escuetos avisos de que tal o cual sucursal es monitoreada de manera permanente por cámaras electrónicas.
Por ello es que tienen tanto impacto los delitos en alguno de estos espacios, los cuales podemos considerar claramente como “centros de confianza”, lugares en los que podemos convivir con tranquilidad y llevar a cabo diferentes actividades sin riesgo. Cada urbe en el mundo los tiene y la percepción social sobre éstos funciona de manera similar, de ahí que un crimen en estos puntos se convierta en una noticia internacional y en un daño inmediato a la imagen turística de una localidad.
Cada uno de esos sitios nace con una imagen de confianza que además la respalda una inversión en mostrar seguridad e incluso modernidad. Es parte fundamental para atraer usuarios, clientes y comensales. Pero una vez que esta idea de seguridad se establece, cualquier eventualidad puede alterarla.
Si le añadimos las posibilidades de comunicación inmediata para compartir un asalto en un restaurante, el robo de una tienda (o el derrumbe de la fachada de una plaza comercial de lujo), en cuestión de segundos podemos entrar en la espiral de zozobra que ocasiona pensar que no estaríamos seguros en ninguna parte.
Por eso es indispensable crear redes de seguridad que deriven en redes de confianza. Si alguna banda, tratando de hacerse pasar por una organización criminal mayor o un cártel como los que tenemos en la mente, intenta extorsionar establecimientos mercantiles en zonas de mucha asistencia, instantáneamente se erosiona de percepción de seguridad dentro y fuera de la capital.
Combatir esta pérdida de confianza-seguridad no es sencillo y requiere de una coordinación directa entre autoridades, iniciativa privada y sociedad civil. La buena noticia es que funciona.
Como organización civil, el Consejo Ciudadano tiene varios casos de éxito en materia de colaboración. Uno de los más ilustrativos es el contacto permanente con los comerciantes del Centro Histórico o con los vecinos y representantes de los establecimientos de Plaza Garibaldi; con sus altas y bajas, la seguridad —y la percepción de ésta— es un elemento que preocupa a todos en esas zonas y en consecuencia mantenemos mesas de trabajo semanales ininterrumpidas para darle seguimiento permanente.
Otro ejemplo es la coordinación con la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad Pública, la Procuraduría General de Justicia y el Consejo. Diariamente, todos los hoteles considerados de gran turismo y muchos de diferentes categorías compartimos información para prevenir y atender cuestiones de seguridad, como marco de referencia, en los cuatro años que llevamos desde que iniciamos este programa hemos registrado, en promedio, un delito anual.
Justo esta semana que pasó arrancamos un programa similar con la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), los establecimientos mercantiles de zonas emblemáticas como Polanco, la Condesa y la Roma para tejer una red sólida y más amplia que ayude a recuperar la confianza y la percepción de que en esta ciudad podemos vivir tranquilos, pero nunca pasivos. Debemos participar y denunciar cualquier cosa que afecte nuestro bien y buen vivir.
Twitter: @LuisWertman
